El Faro del Sur

OPINIÓN: Greibal Novas Duncan (Wasinguey)

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Por Still Pérez 
 
Greibal Novas Duncan (Wasinguey) es un muchacho del sector La Playa de Barahona a quien he tratado de cerca en múltiples ocasiones, cuando he comprado en su negocio o concurriendo junto a amigos comunes al Club de Dominó del Malecón. Conozco a varios miembros de su familia, sus padres y algunos hermanos, todos con notables características de buen trato a los demás. 

Solito y Cocola, padres de Greibal (el primero fallecido), son dueños de una larga hoja de servicio a Barahona, para cuya muestra un botón basta: la simple mención de sus nombres evoca gratos recuerdos en la memoria de cualquier barahonero. ¡Quién no ha disfrutado de unas ricas habichuelas con dulce de doña Cocola!

Greibal se ha constituido en símbolo de progreso para la juventud barahonera, al crecer desde su humilde negocio de vendedor de empanadas de carne, queso y mariscos, a poseer un notable y exitoso restaurante en el malecón de Barahona. Usted puede estar de acuerdo o no con la personalidad de Greibal, muchas veces "desentonada" por los impulsos que le son característicos, pero es innegable su destacable progreso ciudadano y empresarial.

El negocio de Greibal lo visitan figuras de primerísimo orden del mundo político, deportivo, artístico y empresarial, siendo su local comercial escenario de prestigiosos y agradables encuentros. El expresidente  Hipólito Mejía, el salón de la fama Pedro Martínez, la voz más alta del merengue Fernando Villalona y otros no menos prestigiosos se han dado cita en el espléndido centro comercial del joven Greibal, con quien han entablado algún tipo de relación posterior.

Sin dudas, Greibal posee talento, capacidad de trabajo y de relacionarse, y vocación de servicio. ¡No cualquiera crece de semejante manera! Tratar de destruir su buena fama porque aspire a una humilde posición, no hace más que contribuir a degradar los símbolos de progreso de una comunidad que bien pueden servirles de ejemplo a muchos jóvenes con espíritu emprendedor.

Estos dotes bien podrían valerle para ser nuestro representante al frente de la Dirección Regional de Turismo, si el Gobierno contempla hacer algún cambio ahí. Incluso, yo apostaría a él. 

El presente de Greibal ha borrado lo peor de su pasado. Greibal se ha reivindicado: 

¡Honor a quien honor merece!