El Faro del Sur

OPINIÓN: Cambios que deben implementar padres y maestros para disciplinar sin golpes ni sermones

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POR DR. OCTAVIO FÉLIZ VIDAL

La Disciplina Positiva es una práctica y filosofía utilizada para disciplinar a niños y adolescentes, preconizada en la actualidad en USA, por la Terapeuta Jane Nelsen. 

El propósito de la disciplina positiva es crear niños y adolescentes responsables y que sean recursivos a la sociedad. 

Parte del hecho de que para disciplinar al niño no es necesario hacerlo sentir mal.

Los padres que aún disciplinan con métodos tradicionales y punitivos, al cambiar a la Disciplina Positiva, tienen que hacer muchos cambios.

En mi experiencia en la Terapia Familiar, le recomiendo la Disciplina Positiva a todos los padres; pero hacemos un trabajo especial con aquellos padres que llevan a sus hijos a terapia por comportamientos violentos en la escuela y en el hogar. 

La violencia trae violencia. Si ejercemos maltrato y violencia con nuestros hijos ellos serán violentos con los demás: hermanos, primos, amigos cerca de la casa y con compañeros de la escuela.

Quiero darles algunos tips que trabajo en Terapia con los padres para que hagan una transición de la disciplina punitiva con golpes y castigos a la Disciplina Positiva sin golpes ni sermones.

1. Paciencia: De manera directiva se le ordena a los padres dejar de pegar o golpear y no sermonear o insultar a niños y adolescentes. Se recomiendan las reuniones familiares donde se les explica a los niños las nuevas reglas y las consecuencias de sus actos. La Disciplina Positiva requiere que los padres sean pacientes y que no la abandonen.

2. Control Emocional: Los padres aprenderán a controlar emociones negativas como la ira, rabia, enojo, culpa, entre otras.

3. Tolerancia: Los padres deben ser empáticos y comprender a sus hijos. Tolerancia aquí no implica permisividad. Es una tolerancia empática que comprenda al niño o al adolescente y que podamos ver su conducta en un contexto. Hay que tratar al niño de acuerdo a la edad y esperar de ellos en función de su madurez biológica y mental que tengan.

También hay que conocer el temperamento de los niños. Cada hijo viene con un temperamento que le da características propias. Lo mismo ocurre con los alumnos y los maestros deben comprender esos elementos en el aula.