Lo que sí debe incorporar en su política, el Ministerio Educación.

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POR STILL PEREZ

Los valores patrios y sus símbolos, como el Himno Nacional, constituyen, inequívocamente, pilares de la necesaria identidad para fomentar cualquier Estado Nacional. Muchos países  afianzaron el concepto de Nación por el conocimiento e identificación que hizo el Pueblo de sus elementos patrios. 

La República Dominicana no es la excepción, con las letras de Emilio Prud' Homme y la música de José Reyes, logró calar en el corazón de los dominicanos uno de los himnos más hermosos del mundo: el Himno a Quisqueya.

República Dominicana no tiene dificultades con su identidad, la gente conoce su escudo y bandera, conoce su himno y lo básico de su historia patria, de forma más o menos imperfecta, como ocurre con pobladores de otros países respecto de su cultura.

Cualquier intelectual, dominicano o francés, estadounidense o español, argentino o peruano, puede, por alguna de las fallas típicas de la memoria, perder alguna palabra, suprimir una letra o añadir uno que otro fonema a la composición original, sin que esto implique que no ha aprendido el Himno Nacional. Nadie está escapo del desuso, de la interferencia y del olvido, que suelen jugarles malas pasadas a nuestra memoria.

Es probable hacer reprobar, en estos momentos, a cualquiera de nuestros funcionarios públicos, profesores e intelectuales, si les sometiéramos a una prueba repentina sobre el canto a la Patria.

 Se quemarían, incluso, haciendo la prueba por escrito y no cantada. Y no perderían la condición de dominicanos ni de funcionarios ni de intelectuales por reprobar. 

El Himno Nacional es, aunque hermoso, complejo en el aspecto literario, pese a que en lo musical se impregna fácilmente en nuestra memoria. No es problemático que el "cuerpo humano" aprenda el ritmo del Himno Nacional. La dificultad estriba en lo cognitivo, pues el cerebro se educa también para aprender literatura, área de la que se acusan profundas lagunas. 

El estudiante dominicano lo que debe aprender para apreciar su himno, es la métrica, las figuras retóricas o literarias, el verso, la prosa, y todos los elementos que pertenecen al arte de la composición. El problema no es de actitud, la dificultad es de cognición. 

Con estas carencias, resulta ridículo, absurdo, improvisado, emotivo y falto de visión de conjunto, exigir el aprendizaje de las letras del Himno Nacional como requisito para graduarse de Bachiller.