POR WAGNER PIÑEYRO
Artículo enviado a Ecos del Sur.
Hemos presenciado y vivido como muchos personajes de la política de mí querida Barahona padecen del Bipolarismo (o trastorno bipolar), se manifiesta de muchas maneras, un día amanecen relajado y en la tarde están enfadados, un día tratan bien a los compañeros y el otro día lo mandan a la porra.
Un tiempo mediano están apoyando a un proyecto político determinado y al cabo de pocas semanas le están dando las espaldas a ese proyecto político.
Algunas veces duran mucho tiempo; y de repente ohhhhh, que grave error que ahogo aquí, he perdido mi tiempo, y luego me voy hacia otro proyecto político.
A veces me pregunto…. ¿No tomaran de pretexto la bipolaridad para arrebatar posiciones?, ¿Oh solo es que sufren de ese trastorno de la conducta?.
Pero en la práctica la política aquí en Barahona he verificado que algunos personajes políticos sufren de esos trastornos de las conductas, y que en la práctica lo hacen manifiesto en su diario vivir.
La política según Max Weber, la define estrictamente en función del poder.
La política según Maquiavelo es la forma en que un gobernante debe mantener el poder por cualquier medio, debe hacer todo lo posible para que no se lo quiten, puede hasta matar a otras personas (según Maquiavelo).
Según estas dos definiciones de Max Weber y Nicolás Maquiavelo, le hacen prácticamente un homenaje al bipolarismo, que lo definen como una persona para llegar ha tener un cargo, una posición o el poder tiene que usar todos los medios habidos y por haber para obtener su objetivo (el poder mediático).
Pero según la teoría de los de abajo; la política se consideran quítate tu pa ponerme yo, nuevos engullidores al poder, nuevos gobiernistas, bipolares a otros puestos, nuevos tumba polvos.
El trastorno bipolar, también conocido como trastorno afectivo bipolar (TAB) y antiguamente como psicosis maníaco-depresiva (PMD), es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles anormalmente elevados de energía, cognición y del estado de ánimo.
Clínicamente se refleja en estados de manía o, en casos más leves, hipomanía junto con episodios concomitantes o alternantes de depresión, de tal manera que el afectado suele oscilar entre la alegría y la tristeza de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología.
Y como la política es el arte que mas se parece a la guerra, para conseguir los objetivos, no descartemos que en política existan personajes psiquiátricos, con trastornos de la personalidad para su beneficio y en desmedro de la mayoría de sus respectivos partidos.
