POR ALEJANDRO SANTANA, Artículo enviado a Ecos del Sur
Todos los que para esa época gloriosa del periodismo dominicano, ejercíamos el oficio con honestidad, sabíamos que estábamos condenados a muerte, los jóvenes no albergábamos esperanzas de llegar a los 50.
Muchos no fuimos licenciados, fuimos periodistas de oficio, algunos pasamos por una escuela de periodismo, mayormente por correspondencia, pero teníamos las herramientas que engalanaban el ejercicio.
Gregorio García Castro, Goyito, fue de esos hombres, cuya pluma y voz surgió de la necesidad que tenia la patria, de luchar por las libertades, también surgimos otros.
Cuarenta años después de su muerte, leer la crónica, que narra la tragedia, aún nos saca lágrimas, lágrimas de rabias, de impotencia y hasta de coraje.
Cuarenta años después que sus asesinos intelectuales, aún no han pagado sus culpas, los periodistas de entonces reaccionamos con impotencia, pero con la firme convicción de haber sido los que aportamos la sangre las vidas para la escasa libertad con que hoy algunos “periodistas”, se benefician del ejercicio.
Viví, esa época, en que los periodistas, estábamos en constante peligro de muerte, conocí en persona a Goyito, Domingo Fatule hijo, era el corresponsal de Ultima Hora, en esta ciudad y a él, a Timo Cuello y a mi, nos unía una gran amistad.
Viajábamos todos los meses a cobrar los centavos que nos pagaban por las corresponsalías que ejercíamos en varios medios, Goyito, siempre fue muy atento, nos invitaba a la cafetería a “un medio pollo”.
Lo del medio pollo, me despertó la conciencia, la primera vez en que se nos invitó, Fatule, nos dijo que Goyito, nos invitaba a un medio pollo, creí que desayunaría, nos sirvieron una especie de café con leche, y me quede esperando el medio pollo.(así le llamaban a esa delicia de café con leche).
Eran tiempos difíciles, para la época en esta ciudad le pusieron precio a la cabeza del corresponsal de Noti Tiempo, de Radio Comercial, algunos colegas, se han atribuido esa gloria, pero hoy y por primera vez diré públicamente quien fue el corresponsal, clandestino de la época.
Nada más y nada menos, que Gabriel Reyes!, desde la clandestinidad y con el uso de `seudónimos hacia transmisiones en vivo, usaba varias casas como refugio para sus transmisiones. Fue de los que tuvo que salir al exilio, México.
Primero lo hacia el doctor Wilson Gómez, el hijo de la profesora Pirula, pero ella por temor lo obligo a dejar, ese tipo de periodismo comprometido con la causa, pero peligroso a todas luces y lo asumió Gabriel Reyes, el sobrino de María la linda.
Cuarenta años después, cuando ya los periodistas de moda son licenciados, formados para vivir de su profesión, sin la real vinculación con los necesitados con los que no tienen voz.
Cuarenta años después se puede hablar de muchas cosas se pueden hacer denuncias temerarias, con el único peligro de que nos respondan por las redes sociales, se nos insulte, se nos digan verdades, pero no se nos mate físicamente.
Para los periodistas de los 70 fueron tiempos difíciles, teníamos que estar corriendo, recuerdo los casos de Melton Pineda que tuvo que refugiarse en la capital, de su hermano Olmedo y el lío de golpes que protagonizamos con miembros del G2 del Ejército, que lo agredieron.
Para la época, en esta ciudad, ejercíamos, Luis López Méndez, Francisco González, Timo Cuello, Bayron Melo, Manuel Nin, Gabriel Reyes, Melton Pineda, Pepe Cuello, un servidor y otros tantos que no recuerdo, para esa época no existían los reconocimientos, pero tampoco los funcionarios civiles ni militares eran nuestros amigos.
Cuarenta años después, aunque ha habido mucho olvido, no han impedido que cuando alguien escriba de Gregorio García Castro, Goyito, el jefe de redacción de Ultima Hora, nuestras lágrimas afloren, de rabia de impotencia y en recuerdo de una época de tanta gloria ciudadana; de la satisfacción del deber cumplido.

