II. La isla de Saint Domingue: entre las garras imperiales
1. La complejidad de la época en que ambas colonias logran su independencia.
En 1795, en el llamado Tratado de Basilea, España le cedió a Francia nuestra colonia de entonces a cambio de que se retirara de una porción del territorio español que tenía ocupado. España, por su parte, hacía muchos años que había perdido interés en nosotros como colonia, concentrada en los grandes territorios donde abundaba el oro y la plata, como los países de Sudamérica, Centro América y México.
Cuando se firma el tratado referido, ya los hoy haitianos llevaban 4 años luchando por liberarse de casi un siglo de esclavitud a que habían sido sometidos por Francia, la que no pudo reaccionar temprano al hecho y articular todas sus fuerzas contra la rebelión por encontrarse inmersa en un profundo proceso revolucionario. Por la misma razón, Francia tampoco pudo asumir de inmediato el control de la colonia que España le había cedido en 1795, la hoy República Dominicana.
En esa misma época, Inglaterra buscaba la forma de aumentar su presencia en El Caribe, donde ya tenía el control de Jamaica, que era un importante productor de azúcar. Recuérdese que ya Inglaterra había perdido a las 13 colonias que originalmente constituyeron los Estados Unidos.
En ese contexto histórico, mientras los esclavos de Saint Domingue luchaban por liberarse de Francia, tenían al mismo tiempo que cuidarse de no caer en las garras de Inglaterra.
De modo que éramos colonia de Francia cuando los esclavos rebelados penetraron a nuestra hoy República Dominicana en 1801 buscando unificar bajo su mando ambos territorios franceses. También lo éramos en la segunda invasión, en 1805, cuando ya un año antes habían declarado su independencia. En este último caso, al objetivo inicial se le sumaba la necesidad de eliminar a las tropas francesas que tres años antes habían tomado posesión del territorio, y ejecutado en consecuencia el Tratado de Basilea.
2. Unificación de ambos territorios, separación de Haití, y el momento histórico
Si bien los haitianos fallaron en sus intenciones de unificar la isla en 1801 y 1805, lo lograron en 1822 cuando eran superiores a nosotros en lo económico y en lo militar. Habíamos declarado la independencia de España menos de tres meses antes, pero no existían sectores económicos y políticos con capacidad para mantenernos independientes. Por eso se solicitó el protectorado de Bolívar, sin que él llegara a saberlo.
Por demás, ya había importantes movimientos de productores agropecuarios y de comerciantes promoviendo la unificación con Haití, como salida a la parálisis económica que imperaba en la recién declarada república con el nombre de Estado Independiente del Haití Español, sabido que Haití tenía relaciones comerciales con las potencias europeas de la época, y podía por tanto exportar todo lo que aquí se produjera.
En ese ínterin, Inglaterra esperaba el momento oportuno para hacernos su colonia, y con ello impulsar la industria azucarera a partir de la mano de obra esclava. Ya por ese medio obtenían grandes beneficios en Jamaica, la que llegó a liderar ese campo a nivel mundial una vez decaída la producción haitiana como consecuencia de las guerras ya conocidas.
De su parte, Haití necesitaba aumentar las exportaciones para adquirir divisas con que pagar la deuda que le impuso Francia como condición para reconocerle la independencia.
Y así se hizo. Una vez unificada la isla el 9 de febrero de 1822 con bombos y platillos (así como suena, con bombos y platillos), se abolió la esclavitud, se expropiaron los bienes de la Iglesia Católicas, se realizó una profunda Reforma Agraria, se aumentó considerablemente la producción de rublos exportables, se masificó el corte de madera preciosa para exportación, se dinamizó el comercio, se mejoraron las condiciones de vida de la población, mejoró considerablemente la institucionalidad, y otras bondades. Pero…
Aunque la unificación de la isla fue positiva al principio, estaba condenada al fracaso a mediano plazo. Éramos, y somos, dos colectivos humanos muy diferentes: idiomas diferentes, religiones diferentes, mestizaje diferente. Y por demás, ex colonias de dos potencias que se mantuvieron en disputas toda su vida, y que les transfirieron esa enemistad a los pobladores de sus respectivos territorios dominados.
Como consecuencias de esas marcadas diferencias mencionadas, se creó el movimiento separatista liderado por Duarte que, en alianza con los terratenientes del Este y otros sectores, en 1844 logró separar nuestra hoy República Dominicana de Haití en un momento histórico en que tanto los Estados Unidos de Norteamérica como España estaban interesados en nuestro territorio.
Los dirigentes haitianos no querían reconocer nuestro derecho a separarnos de una fusión que se había hecho insoportable, y por ello intentaron impedir la materialización de la independencia durante doce (12) años, en los cuales realizaron cuatro (4) campañas militares a nuestro territorio entre 1844 y 1855-56, siendo vencidos en todas.
Siete años después, en 1863, volvieron a dar muestras de su histórico pragmatismo al apoyar con importantes y variados recurso la lucha de los restauradores contra España. Por eso, Sánchez entró al país por Haití, como también lo hizo Duarte más.
