El Consorcio Azucarero Central y Belfond Enterprise, dos dolores de cabeza para Barahona y la región Enriquillo

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Por José Medina
Armario Libre

Barahona y la región Enriquillo, que integran, además, las provincias de Pedernales, Bahoruco e Independencia, están convulsionadas, y los primeros culpables, algo extraño, son los pocos inversionistas extranjeros que tienen.

En los últimos meses, quizás años, el Consorcio Azucarero Central (CAC), se ha desenfocado en producir azúcar, para lo que arrendó el Ingenio Barahona, para dedicarse a maltratar a sus empleados, quienes le dieron sus mejores años, pero no conformes, arremeten contra las comunidades donde están enclavados.

Desde finales del año pasado, el Consorcio Azucarero Central Barahona se ha ensañado contra los residentes en los bateyes, destruyendo propiedades, plantaciones de guineo, plátano, yuca, ajíes, y otros productos agrícolas, que han sido por década, el sustento de sus familiares.

Y para continuar, y contra vientos y mareas, han intentado instalarse en las costas de Barahona, Juancho de Pedernales, lo que sería uno de los desaciertos más grandes, porque en ninguna parte del mundo, se puede mezclar miseria, que es lo que provocan los cañaverales, con el turismo, que es la esperanza de la zona.

Parece mentiras, a lo que se oponían las pasadas autoridades gubernamentales, por considerarlo improducente, las actuales lo aprueban con una rapidez pasmosa.

Y mientras se lucha con el Consorcio Azucarero Central Barahona, llega la norteamericana, Belfond Enterprise, que ha encontrado la oposición, sobre todo, de la clase media y alta, la clase pensante, por la destrucción que está ocasionando a los recursos naturales del gran Bahoruco Oriental.

Esta empresa, de capital norteamericano, consiguió unos permisos que buscaba por siete años, en tan solo tres meses, para instalarse en la costa de Barahona, a la entrada de Santa Elena, destruyendo la fauna y la flora, con la extracción de calcio para ser exportados a los Estados Unidos y otras partes del mundo.

La empresa extranjera, además, remodeló el muelle de Barahona, que debió ser turístico, para ser usado en la exportación del material que extraen del subsuelo, otra medida tomada sin pensar, porque el turismo no comulga con la tierra y el polvo.

La suerte de Barahona, es negra, porque, aunque usted no lo crea, los barahoneros opuestos a las únicas dos empresas que generan empleos, aunque al decir verdad, es que no se debe permitir más maltratos de los inversionistas, ni a la naturaleza, como Belfond, pero tampoco al humano, como el Consorcio Azucarero Central Barahona.

Los inversionistas se han creído que Barahona, con el mote de pertenecer al “Sur profundo” y que es una provincia “pobre”, pueden hacer todo lo que les venga en ganas, y están muy equivocados, porque ni es Sur profundo, pero tampoco es pobre.

Barahoneros, unidos como nunca, alíense con los habitantes de Bahoruco e Independencia, para juntos dirigir las luchas que les lleve por un mejor porvenir, pero para todos.