POR JOSE ANTONIO MATOS
Para Ecos del Sur.
El Partido Revolucionario Dominicano, ha sufrido una serie de crisis y transformaciones, a partir sobre todo de la derrota electoral en el 2004, cuya transformaciones, más que para bien, le han venido para mal.
Habíamos advertido, en los corrillos políticos que frecuentábamos, en momentos de la desaparición física del más grande líder de masas de nuestra nación, el doctor José Francisco Peña Gómez, que el PRD, era como una serpiente gigantesca a la que se le había cortado la cabeza. Así lo pareció, pero el conglomerado político que lo integraba, logró reunirse alrededor de la unidad de mando que le ha sido razón de vida, en los más de 60 años de presencia física en el país, celebraron una convención, seleccionaron un candidato, ganaron las elecciones y la falta de un verdadero líder, sucumbió.
Pasado el proceso electoral del 2004, queda en estampida la organización política, y su líder más importante, el ingeniero Hipólito Mejía, responsable de la administración publica en cuestionamiento, aderezada y magnificada por una formidable maquinaria publicitaria de Leonel Fernández y el PLD, sin contraparte, diezmado en excesiva proporción, llevan al partido revolucionario dominicano a un estimado de menos de un 17% en las preferencias del electorado, según las encuestas del momento.
Un error de inobservancia cometido por una de las mayores reservas morales, intelectual y política del país, lo cometió, a nuestro humilde entender, en aquella ocasión, la doctora Doña Milagros Ortiz Bosch, al tomar partido en el proceso político partidario, en pleno gobierno 2000-2004, aspirando a la presidencia, desde la vicepresidencia de la república, al tomar acción, se impidió ser el verdadero relevo político pos derrota, ya que sus numeritos como segunda al mando, los logros suyos como secretaria de estado de educación y su desempeño como senadora de la república junto al movimiento pro-feminista que se respiraba en el país, la hacían merecedora de las aspiraciones del perredeísmo y gran parte del pueblo dominicano, que ante el candidato del momento y el que representaba el rechazado en el proceso anterior, como en la antigua Roma, el régimen presente hace añorar al anterior.
Los perredeístas, entre los que nos incluimos, porque reingresamos al mismo, el 23 de mayo del año 2004, frente a esta desolación política, deseamos un nuevo liderato político y candidato presidencial, que sea más de lo social que político y al surgir el ingeniero Miguel Vargas Maldonado, lo asimilamos como lo ideal, llevándolo a los más altos numeritos obtenidos por perredeísta alguno, hasta un 98% de las preferencias internas.
La falta de condición política real del ingeniero Vargas, que deseábamos en el perfil del nuevo líder, nos hizo falta y las situaciones políticas que ha tenido que enfrentar en todos los momentos hasta la fecha, año 2012, no las ha salvado con satisfacción, llegando el partido en sus manos, a situaciones lastimeras.
Nos lega don Miguel, un partido con su representación congresual disminuida, hoy, faltante social fundamental en el destino de la nación, que junto a su mal desempeño en el pasado certamen electoral, le pasa automáticamente la potestad de decidir el paquetazo fiscal a los 24 miembros que integra el comité político del partido rival.
Nos lega Miguel, un partido cerrado a su militancia, cerrado a sus dirigentes legítimos, cerrado a las convenciones, porque no desprende síntomas de desear realizarlas, nos lega un comité ejecutivo sin reunión, una comisión política en la misma situación, nos lega, por lo menos en su versión, un partido sin verdadera definición ante un paquetazo fiscal, lacerador del pueblo dominicano y encubridor de los autores de un hoyo fiscal cuatro veces mayor que ese mismo partido le atribuyó al ingeniero Hipólito Mejía.
Habíamos advertido, en los corrillos políticos que frecuentábamos, en momentos de la desaparición física del más grande líder de masas de nuestra nación, el doctor José Francisco Peña Gómez, que el PRD, era como una serpiente gigantesca a la que se le había cortado la cabeza. Así lo pareció, pero el conglomerado político que lo integraba, logró reunirse alrededor de la unidad de mando que le ha sido razón de vida, en los más de 60 años de presencia física en el país, celebraron una convención, seleccionaron un candidato, ganaron las elecciones y la falta de un verdadero líder, sucumbió.
Pasado el proceso electoral del 2004, queda en estampida la organización política, y su líder más importante, el ingeniero Hipólito Mejía, responsable de la administración publica en cuestionamiento, aderezada y magnificada por una formidable maquinaria publicitaria de Leonel Fernández y el PLD, sin contraparte, diezmado en excesiva proporción, llevan al partido revolucionario dominicano a un estimado de menos de un 17% en las preferencias del electorado, según las encuestas del momento.
Un error de inobservancia cometido por una de las mayores reservas morales, intelectual y política del país, lo cometió, a nuestro humilde entender, en aquella ocasión, la doctora Doña Milagros Ortiz Bosch, al tomar partido en el proceso político partidario, en pleno gobierno 2000-2004, aspirando a la presidencia, desde la vicepresidencia de la república, al tomar acción, se impidió ser el verdadero relevo político pos derrota, ya que sus numeritos como segunda al mando, los logros suyos como secretaria de estado de educación y su desempeño como senadora de la república junto al movimiento pro-feminista que se respiraba en el país, la hacían merecedora de las aspiraciones del perredeísmo y gran parte del pueblo dominicano, que ante el candidato del momento y el que representaba el rechazado en el proceso anterior, como en la antigua Roma, el régimen presente hace añorar al anterior.
Los perredeístas, entre los que nos incluimos, porque reingresamos al mismo, el 23 de mayo del año 2004, frente a esta desolación política, deseamos un nuevo liderato político y candidato presidencial, que sea más de lo social que político y al surgir el ingeniero Miguel Vargas Maldonado, lo asimilamos como lo ideal, llevándolo a los más altos numeritos obtenidos por perredeísta alguno, hasta un 98% de las preferencias internas.
La falta de condición política real del ingeniero Vargas, que deseábamos en el perfil del nuevo líder, nos hizo falta y las situaciones políticas que ha tenido que enfrentar en todos los momentos hasta la fecha, año 2012, no las ha salvado con satisfacción, llegando el partido en sus manos, a situaciones lastimeras.
Nos lega don Miguel, un partido con su representación congresual disminuida, hoy, faltante social fundamental en el destino de la nación, que junto a su mal desempeño en el pasado certamen electoral, le pasa automáticamente la potestad de decidir el paquetazo fiscal a los 24 miembros que integra el comité político del partido rival.
Nos lega Miguel, un partido cerrado a su militancia, cerrado a sus dirigentes legítimos, cerrado a las convenciones, porque no desprende síntomas de desear realizarlas, nos lega un comité ejecutivo sin reunión, una comisión política en la misma situación, nos lega, por lo menos en su versión, un partido sin verdadera definición ante un paquetazo fiscal, lacerador del pueblo dominicano y encubridor de los autores de un hoyo fiscal cuatro veces mayor que ese mismo partido le atribuyó al ingeniero Hipólito Mejía.
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