Por ALEJANDRO SANTANA, artículo enviado a Ecos del Sur.
Hay privilegios en la vida que muchos quisieran alcanzar, deseos que muchos desearían cumplir y aunque en ocasiones pueden comprarlos, no siempre se tiene la oportunidad de disfrutar.
Uno de esos deseos, es que el artista de moda te cante al oído la canción que más te guste la más popular del momento, canción que vives que tarareas, que te identifica con ese exponente musical.
Eso le pasó a una joven brahonera, mujer humilde con problemas psicológicos, que al escuchar una canción la hizo suya, la cantaba en cualquier escenario, que tarareaba por las calles hasta convertirse en la burla de la muchachada de la época.
Farah era su nombre, la conocí ya entrada en edad, pero sus facciones delataban la hermosura que los años y sus problemas de salud se habían quitado.
De sobre nombre le decían, Amapola, el nombre de una canción que en el año 1947 fue la ganadora de un festival de la voz en Venezuela, interpretada por el galán del momento, Alfredo Zadel.
La canción fue ampliamente difundida en el país por la voz del Yuna, y Farah la aprendió de inmediato, tarareándola constantemente por los lugares donde iba, por lo que le vino el sobre nombre de Amapola.
Hay privilegios en la vida que muchos quisieran alcanzar, deseos que muchos desearían cumplir y aunque en ocasiones pueden comprarlos, no siempre se tiene la oportunidad de disfrutar.
Uno de esos deseos, es que el artista de moda te cante al oído la canción que más te guste la más popular del momento, canción que vives que tarareas, que te identifica con ese exponente musical.
Eso le pasó a una joven brahonera, mujer humilde con problemas psicológicos, que al escuchar una canción la hizo suya, la cantaba en cualquier escenario, que tarareaba por las calles hasta convertirse en la burla de la muchachada de la época.
Farah era su nombre, la conocí ya entrada en edad, pero sus facciones delataban la hermosura que los años y sus problemas de salud se habían quitado.
De sobre nombre le decían, Amapola, el nombre de una canción que en el año 1947 fue la ganadora de un festival de la voz en Venezuela, interpretada por el galán del momento, Alfredo Zadel.
La canción fue ampliamente difundida en el país por la voz del Yuna, y Farah la aprendió de inmediato, tarareándola constantemente por los lugares donde iba, por lo que le vino el sobre nombre de Amapola.
Cuán lejos tenía Farah, que el intérprete de esa canción, hombre hermoso como lo había soñado vendría a esta ciudad Barahona a presentarse en el cine Ercilia, y que fue informado de la existencia de esa fan.
Pidió que se la presentaran, le dijeron las condiciones de la joven, para la fecha, también hermosa, aunque con sus problemas de salud, no obstante la recibió, la abrazó y le canto al oído, Amapola, un gran privilegio que quizás muchas damas de la sociedad desearon disfrutar.
Me cuentan que sus problemas se incrementaron por el impacto recibido al tener tan cerca al hombre idealizado.
Al artista soñado y deseado, a partir de ahí pocos la llamaron por su nombre de bautizo para llamarla Amapola, sus últimos años los dedicó a tararear esa canción, hasta que falleció con la satisfacción dibujada en su rostro.
Otro personaje, cuya Hazaña ha trascendido a pesar de los años, es Antonio Díaz, (Bobote), de nacionalidad haitiana, declarado ante un juez civil por un ilustre político barahonero, quien también declaro a la que años después fue su mujer, Marta Díaz.
Bobote, fue un todólogo de los oficios, fue zapatero, poeta por naturaleza, curandero, y talabartero, tenía un stop publicitario, plagado de faltas ortográficas, que decía:
“Se cura el padrejón,se asen cananas para puñales de asero, para pitolas, rebolbere y machete, se amuelan jacha,machetes y puñales de asero, se ensalma el mal de ojo, se tumban vrujas y “clinicas de sapato”, dostor Antonio Dia.
Ese letrero plagado de faltas ortográficas, fue la comidilla de los vecinos y de todo el que pasaba frente a su vivienda donde estaba expuesto el anuncio, en letra rojas, sobre un fondo verde con una endiablada caligrafía.
Pero lo que dimensionó a este personaje no fueron esas habilidades, es posible que haya sido su manera de interpretar el amor y ser poeta por naturaleza.
Marta, su mujer y de la cual se dice que era su prima, fue el amor de su vida, se quisieron como pocos matrimonios, se comunicaban fácilmente por gestos, pues su identificación fue tal que aprendieron esa técnica “saber lo que el otro quería con un simple gesto”.
En una ocasión en que fue obrero en los almacenes de INESPRE en esta ciudad, su esposa Martha, le llevaba el almuerzo todos los días a las doce en punto.
No se sabe que le paso a su dulcinea, pero un día decidió apartarse de este mundo, diciendo adiós a sus amores y a su familia, termino sus días ingiriéndose varios sobres de tres pasitos.
En el velatorio de esta el lamento de su esposo, fue como un poema salido de lo más profundo de su ser, Oh Marta, tendida ahí en tu caja, con la cara al sol, como viviste, me está diciendo que no estás muerta, que está dormida.
Entiendo lo que me dices, Bobote no llores que pronto, estaremos juntos, me he ido alante para preparar nuestro nidito junto a Dios, como cuando nos casamos en Majagualito.
Cuentan que su hija, primogénita, asumió la responsabilidad de la madre fallecida y todos los días le llevaba el almuerzo al trabajo, me cuentan que un buen día en que la hija llego, vio en ella la imagen de su difunta esposa y exclamo sus últimas palabras y se despidió del mundo.
Estas palabras fueron, ¡Oh marta, amor como lo prometiste, viniste por mí!, estoy preparado, esta vez nos marcharemos juntos y viviremos para siempre, muriendo en el acto.
Historias de amor, a la cual ningún poeta ha dado la connotación que debieron tener, quizás porque esas hazañas no fueron realizadas por la nobleza, si no por simples mortales que siendo humildes vivieron felices.
Fuente: Carlos Vallejo, el poeta.
