POR JOSE ANTONIO MATOS
Para Ecos del Sur
La crisis interna del PRD fue tan agria en aquella época, 1986-1990, que el máximo, que no logró ser el mejor candidato, en esos momentos, solicitó la congelación del revolucionario dominicano, que luego fue levantada por el licenciado Hatuey Decamps Jiménez, decisión ésta, inducida por el doctor Joaquín Balaguer Ricardo en la Junta Central Electoral y favorecido el doctor Peña Gómez con la franquicia perredeísta, sabiendo perfectamente que era más cómodo de vencer, relegándose este, el PRD, a un tercer lugar electoral, con menos de 450 mil votos y disputándole al PLD, un triunfo con fraude evidente y denunciado, pero a un PLD y su candidato que no estaba preparado para vencer y asumir el triunfo y un candidato que el profesor Juan Bosch que había demostrado más de una vez, que no deseaba el poder.
Hoy, después que otras tantas diatribas y rompimientos internos, arriba el perredeísmo a otro proceso de resultados inciertos, electoralmente, hablamos del lejano torneo 2016, con un partido desde ya profundamente dividido y con actores externos visiblemente inmiscuidos, un partido concentrado alrededor de la sombra del anterior candidato presidencial, el ingeniero Hipólito Mejía, con un referente electoral de más de 2 millones de votos, para más de un 47%, a su lado, la gran mayoría del comité ejecutivo nacional, la comisión política, frente agropecuario, presidencia en funciones, secretaría general, de organización, frente agropecuario, etcétera. Y un ingeniero Miguel Vargas, desde una presidencia partidaria y muy poca base partidaria, perdida gracias a un desempeño político pobre, que entre otros errores, no pidió a su militancia que voten por su partido y acudió a las urnas faltando 20 minutos para terminar la votación.
El presidente del partido, después de tantos desaciertos, acompañado de un puñado escaso de figuras, en su mayoría advenedizos y llegados al partido al través de una candidatura electiva, pretende la expulsión de figuras, entre ellas la del ingeniero Hipólito, que por su condición de candidato presidencial se convirtió en presidente advitan, por tanto no procede su expulsión.
Los organismos son los autorizados para definir cualquier situación de sus dirigentes y miembros y el presidente no parece creer en ellos, porque no los reunió en el proceso electoral para que accionen en la contienda electoral, no lo ha hecho luego y se niega a que se reúnan, por tanto, al través de que va a definir las expulsiones pretendidas en las notificaciones que se publicaron ayer?
El partido revolucionario dominicano ha demostrado en su vida institucional que es imperecedero y a nuestro entender, esta crisis no es la excepción y también ha demostrado que puede ser ente de conciliación, los hombres y mujeres pasan pero la institución prevalece y ha sido gran instrumento de lucha y superación del pueblo dominicano y su presidente actual debe reflexionar y deponer esas actitudes, que se vea en el espejo de don Hipólito, que de la nada volvió a ocupar los mejores espacios del perredeísmo.
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