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domingo, 2 de diciembre de 2012

Lago Enriquillo, amarga y triste realidad.

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POR  FELIX BETANCES, para Ecos del Sur.
 
No me había decidido a escribir mi modesta opinión acerca de  este gran problema que afecta a toda una sub-región de nuestro Sur, y si no lo había hecho, es porque  he dado seguimiento a los escritos publicados en distintos medios de comunicación de nuestro país,  por distintas personalidades, entre las cuales las hay con auténtica autoridad en la materia, en el aspecto científico, al igual que otros aun con menos conocimientos, pero sí, con una gran preocupación en el aspecto social y  humano. Quizás sea mi caso.

Hay una realidad inocultable en esta zona, la cual ha venido “in- crescendo” desde hace varios años, y que ya se ha llevado la felicidad, las esperanzas y el porvenir de decenas de generaciones de familias que nacieron y crecieron en esos suelos.

Ante tal situación, todo parece indicar que los pobres están condenados “a priori”, a morir afectados por el mal de la impotencia.

Según hemos leído, a estudiar este fenómeno, han venido a la zona, grandes profesionales que incluye a científicos de diferentes universidades y academias nacionales y del mundo, cuyos estudios, se han quedado nada más que en teorías y planteamientos de posibilidades.

Es decir que hasta el momento, no se ha concretizado una tesis científica que demuestre la verdadera realidad de la situación y mucho menos, un planteamiento lógico de qué hacer, por lo menos para aliviar o corregir un mal ya inevitable e irreversible.
 
Esta situación, no parece haber llegado a conmover los sentimientos del área gubernamental, aunque sabemos que es responsabilidad del gobierno de un País, acudir y asumir con toda responsabilidad, las que pudieran ser o convertirse en amenazas para los ciudadanos del mismo. Visitas, promesas y nada más.
 
Por otro lado, hay quienes han planteado y dicho hasta la saciedad, una posible solución que al menos podría paliar el mal, y me refiero específicamente al “Aliviadero de Canoa”, por muchos conocido y que si alguna vez alguien lo construyó, fue porque entendía que de algo serviría.
 
Es sin embargo, hasta decepcionante ver como se les ha llamado ignorantes a personas que aparte de todo por lo menos merecen respeto, ya que con sus planteamientos no han ofendido a nadie y por el contrario, lo que propugnan es por una solución al problema, tal es el caso del Ingeniero David Vólquez Román, al igual que al ecologista, señor José Antonio Matos Peña, entre otros.
 
Por qué no hacerles caso a ellos, si nadie más presenta ninguna solución; quizás no sea ésta la solución definitiva, pero hay que empezar a buscar las alternativas, hasta dar con la solución de la problemática que se ha convertido en la desgracia de ésta Región.

Hay en consecuencia, quienes plantean como una solución la construcción de la Presa de Monte Grande, y si esa obra contribuirá a la solución del problema del Lago, entonces se colige que los que plantean la construcción del Aliviadero tienen razón.
 
Hace falta que el gobierno dominicano, se empodere de la desesperante situación que es su responsabilidad, comenzando por resolver de manera urgente, la preservación de los miles de vidas humanas y animales que allí existen y en segundo plano, iniciar la búsqueda de una solución sustentada en resoluciones científicas, a las áreas afectadas o amenazadas en el aspecto geofísico.