POR PERSIO MALDONADO
La carretera que uniría el Cibao con el Sur es un viejo proyecto que ha quedado en carpeta de muchos gobiernos.
Siempre se ha argumentado que esta obra afectaría una parte esencial de la Cordillera Central, afluente de múltiples ríos que dan al Norte y el Sur.
En ese trayecto, que se estiman en unos 80 kilómetros, se pasaría al menos por dos parques nacionales. Es decir, reservas del país.
Todo lo que se dice son preocupaciones válidas, las que no pueden ser ignoradas al emprender una carretera de esa magnitud.
Sin embargo, las observaciones no tienen que impedir considerar la realización de esa obra. Para lo que sí deben servir es para tomarlas en cuenta al momento de hacer los estudios de la trayectoria de esa vía y para verificar los posibles daños que pudiera causar.
No hay nada a lo que no podamos hoy darle una respuesta adecuada en la ingeniería, sobre todo si estamos seriamente preocupados por los recursos.
Lo cierto es que el Norte y el Sur están aislados, pese a que están de frente sin poder verse las caras.
Muchas importantes obras han tenido la oposición de quienes se asumen como los más celosos guardianes de la naturaleza y del medio ambiente. En las ciudades como en nuestras cordilleras.
El túnel que nos une con Puerto Plata fue resistido por muchos sectores y ahí está siendo una carretera fundamental.
Ha llegado la hora de considerar seriamente la realización de esa vía, la que ha conseguido el apoyo de Miguel Vargas Maldonado y Luís Abinader, ambos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), aunque enfrentados en el conflicto interno de esa organización.
Esa carretera tendrá una repercusión multiplicadora para la economía del país al unir el Norte con el Sur.
