Por FELIX BETANCES, para Ecos del Sur.
El término “Nominación”, tiene varias acepciones según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), pero nos vamos a referir solo a la que define lo siguiente: “Presentar o proponer a alguien para un premio”.
Los organismos o entidades que se dedican a premiar los logros o las buenas acciones de los individuos, personas destacadas en alguna labor o servicio como en alguna competencia o bien sea a entidades o personas morales por sus méritos, siempre disponen de organismos autorizados para la escogencia de las personas o entidades que desde sus puntos de vista, califican o sobresalen en las aéreas contempladas, para ser tomadas en cuenta.
Puede verse como un error o una imprevisión por parte de los directivos responsables de esa escogencia, el hecho de que existiendo un número determinado de posibles candidatos, se les nomine a todos, en el entendido de que es difícil que todos reúnan las mismas condiciones; es decir que dada esas circunstancias, lo más prudente es, que se haga una pre selección y que se nomine a los que queden mejor posicionados.
Cuando se dan estas situaciones, los responsables de manejar esas cosas, lo que hacen es que lo toman como lección y lo aplican para no repetir los mismos errores en futuras premiaciones, porque de hecho, eso hasta les crea una cierta presión que no debe existir.
Ahora bien, la prudencia aconseja a los que tienen la capacidad de entenderlo así, que ninguna persona que no haya sido tomada en cuenta o nominada para tal o cual posición en un certamen, aunque crea que posee cualidades y calidades igual o mejores que otros que hayan sido señalados, debe reclamar o pelear ni poner una camisa de fuerza a los organizadores del evento, para que se le incluya en las nominaciones, ya que esto demuestra una profunda debilidad personal y pone de hecho en entredicho su autoestima.
Usted puede dar a conocer su disgusto o su insatisfacción por no haber sido tomado en cuenta, pero jamás mendigar o exigir que a usted haya que nominarlo, porque usted no sabe cuales fueron los criterios (parámetros), ni la forma en que las personas investidas de la autoridad correspondiente, acogieron para su selección.
Es bueno decir que una premiación en estos casos, tiene un gran valor sentimental y espiritual, pero no es el pago o una remuneración por un trabajo o un servicio que el individuo ha realizado, es solo un “Reconocimiento” y esto es espontáneo de los demás hacia uno. No es algo que se compra ni se arrebata.
Es cierto que los reconocimientos son buenos, pero es cuando los demás en forma libérrima valoran lo que eres o lo que haces, no cuando uno ejerce presión o exigencia porque en ese caso, se ve como una pobreza de personalidad.
Tanto es así, que se puede pensar que el que ejerce alguna presión para que lo tomen en cuenta, también tratará de ejercerla para que sea él el único ganador y ahí se pone en peligro la credibilidad de la institución responsable, así como las facultades y la soberanía que tiene el Jurado para deliberar conforme a la realidad, con la independencia exigible.
¡Hay que ser prudentes!...
El término “Nominación”, tiene varias acepciones según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), pero nos vamos a referir solo a la que define lo siguiente: “Presentar o proponer a alguien para un premio”.
Los organismos o entidades que se dedican a premiar los logros o las buenas acciones de los individuos, personas destacadas en alguna labor o servicio como en alguna competencia o bien sea a entidades o personas morales por sus méritos, siempre disponen de organismos autorizados para la escogencia de las personas o entidades que desde sus puntos de vista, califican o sobresalen en las aéreas contempladas, para ser tomadas en cuenta.
Puede verse como un error o una imprevisión por parte de los directivos responsables de esa escogencia, el hecho de que existiendo un número determinado de posibles candidatos, se les nomine a todos, en el entendido de que es difícil que todos reúnan las mismas condiciones; es decir que dada esas circunstancias, lo más prudente es, que se haga una pre selección y que se nomine a los que queden mejor posicionados.
Cuando se dan estas situaciones, los responsables de manejar esas cosas, lo que hacen es que lo toman como lección y lo aplican para no repetir los mismos errores en futuras premiaciones, porque de hecho, eso hasta les crea una cierta presión que no debe existir.
Ahora bien, la prudencia aconseja a los que tienen la capacidad de entenderlo así, que ninguna persona que no haya sido tomada en cuenta o nominada para tal o cual posición en un certamen, aunque crea que posee cualidades y calidades igual o mejores que otros que hayan sido señalados, debe reclamar o pelear ni poner una camisa de fuerza a los organizadores del evento, para que se le incluya en las nominaciones, ya que esto demuestra una profunda debilidad personal y pone de hecho en entredicho su autoestima.
Usted puede dar a conocer su disgusto o su insatisfacción por no haber sido tomado en cuenta, pero jamás mendigar o exigir que a usted haya que nominarlo, porque usted no sabe cuales fueron los criterios (parámetros), ni la forma en que las personas investidas de la autoridad correspondiente, acogieron para su selección.
Es bueno decir que una premiación en estos casos, tiene un gran valor sentimental y espiritual, pero no es el pago o una remuneración por un trabajo o un servicio que el individuo ha realizado, es solo un “Reconocimiento” y esto es espontáneo de los demás hacia uno. No es algo que se compra ni se arrebata.
Es cierto que los reconocimientos son buenos, pero es cuando los demás en forma libérrima valoran lo que eres o lo que haces, no cuando uno ejerce presión o exigencia porque en ese caso, se ve como una pobreza de personalidad.
Tanto es así, que se puede pensar que el que ejerce alguna presión para que lo tomen en cuenta, también tratará de ejercerla para que sea él el único ganador y ahí se pone en peligro la credibilidad de la institución responsable, así como las facultades y la soberanía que tiene el Jurado para deliberar conforme a la realidad, con la independencia exigible.
¡Hay que ser prudentes!...
