POR EMILIO SAVIÑON, articulo enviado a Ecos del Sur.
La fiesta carnavalesca tuvo un feliz término, con debilidades, fortalezas y con un respaldo masivo de la población, pero me permito hacer una observación sobre la escogencia de la Reyna del Carnaval.
Sabemos que la misma forma parte del protocolo inicial de esa tan llamativa y esperada actividad cultural.
Sin embargo, el criterio para la selección de la misma, contrasta con el sentido y la esencia de la propia celebración carnavalesca, la cual como norma o requisito único consiste en que la participante provenga de familia con encumbrada posición económico-social, hija o pariente de reconocidos políticos y funcionarios, como pago a las contribuciones que hacen a la referida pintoresca celebración.
El comité organizador del carnaval con esa erróneo, tradicional y anticultural visión de escogencia de la Joven Reyna, contribuye ampliar la brecha de la división social, sobre todo incentiva aun más la pérdida de los valores.
Entiendo, que por tratarse de un acto cultural, al escoger la Reyna del carnaval, deben primar valores, cualidades, merito estudiantil, aportes sociales y culturales de la candidata o por lo menos posea alguna Azaña en beneficio de la cultura que la hagan merecedora de la posición.
Cuando se trata de cultura debemos dejar atrás las ambiciones y favoritismo. Esperamos que para próxima, el comité organizador seleccione con alto criterio cultural y de justicia la belleza y Reyna del carnaval.
La fiesta carnavalesca tuvo un feliz término, con debilidades, fortalezas y con un respaldo masivo de la población, pero me permito hacer una observación sobre la escogencia de la Reyna del Carnaval.
Sabemos que la misma forma parte del protocolo inicial de esa tan llamativa y esperada actividad cultural.
Sin embargo, el criterio para la selección de la misma, contrasta con el sentido y la esencia de la propia celebración carnavalesca, la cual como norma o requisito único consiste en que la participante provenga de familia con encumbrada posición económico-social, hija o pariente de reconocidos políticos y funcionarios, como pago a las contribuciones que hacen a la referida pintoresca celebración.
El comité organizador del carnaval con esa erróneo, tradicional y anticultural visión de escogencia de la Joven Reyna, contribuye ampliar la brecha de la división social, sobre todo incentiva aun más la pérdida de los valores.
Entiendo, que por tratarse de un acto cultural, al escoger la Reyna del carnaval, deben primar valores, cualidades, merito estudiantil, aportes sociales y culturales de la candidata o por lo menos posea alguna Azaña en beneficio de la cultura que la hagan merecedora de la posición.
Cuando se trata de cultura debemos dejar atrás las ambiciones y favoritismo. Esperamos que para próxima, el comité organizador seleccione con alto criterio cultural y de justicia la belleza y Reyna del carnaval.
