No todo es rosas ni alabanzas para la prensa hoy en que conmemoramos el Día Nacional del Periodista.
Junto con los mensajes tradicionales de elogio al papel que la prensa cumple en la defensa de las libertades públicas y del sistema democrático, la pollada académica ha puesto también uno de sus magistrales e inesperados huevos.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo, el Colegio Médico Dominicano, la Academia de Ciencias y la Asamblea Nacional Ambiental han cargado las tintas sobre los medios de comunicación del país, acusándolos de interesarse solamente por las ganancias, el lucro, el crecimiento de su capital, y de haber “abandonado la función informativa, sustituyéndola por el mero ejercicio económico”.
Nadie niega que, como toda empresa, la periodística procure rentabilidad de la inversión hecha para sostener una estructura de búsqueda, investigación, montaje y difusión de toda la pluralidad noticiosa en la que se emplean miles de periodistas y trabajadores y que se mantiene gracias a dos elementos claves: la confianza que genera en el público que consume el “producto” noticia, y la publicidad que el sector privado, mayormente, coloca en páginas o espacios radiales, televisivos y cibernéticos.
Y nadie niega, así mismo, que la prensa dominicana sortea con mucho esfuerzo este titánico reto de equilibrar rentabilidad con difusion de noticias, y que por eso se le tiene como una de las entidades sociales de más aprecio y credibilidad del país, muy por encima, justamente, de las cuatro instituciones que han aventurado el intragable veredicto de que la prensa ”ha dejado de lado la educación, la orientación sobre la salud, la importancia de los recursos naturales y el cuidado del país y sus instituciones, atendiendo solamente a las posibilidades de crecimiento de su capital”.
Nos atreveríamos a apostar que, en el fondo, ni los mismos firmantes del emplazamiento se creen lo que están diciendo, pero lo dijeron y, para que no queden dudas, firmaron y sellaron el adefesio con los símbolos de sus respectivas entidades, menos el de la Academia de Ciencias.
Por este vicio tan evidente, la suya ha sido una apreciación ligera, falsa e irresponsable, que rechazamos con todo ardor, porque lastima las verdaderas esencias del trabajo del periodismo dominicano, pretendiendo reducirlo a una mera búsqueda del lucro económico e ignorando una historia de incesantes luchas por el mejoramiento de las condiciones de vida y la institucionalidad del país y el caudal incuantificable de contenidos orientadores sobre la educación, la medicina, la cultura, el medio ambiente, la vida política y la democracia que nuestros críticos no deben ignorar, a riesgo de caer en una soberana mezquindad.