POR MANUEL VOLQUEZ, para Ecos del Sur
Los asaltos a los pasajeros que se desplazan en los autobuses públicos desde y hacia la capital mueve a mucha preocupación.
Grupos de antisociales, incluso algunos residentes en la capital, se trasladan a los pueblos para atracar a las personas que abordan este tipo de transporte. También ejecutan esas prácticas en los campos, rompiendo así la tranquilidad de esas demarcaciones.
Las quejas llueven a montón y llama la atención la forma cómo los delincuentes logran cometer esos condenables delitos.
Ellos utilizan el factor sorpresa para atracar a los usuarios de este importante servicio.
El método consiste en subir a un autobús como un pasajero más para evitar sospechas. Más adelante, otro miembro del grupo ejecuta la misma obra, ocupando asientos distantes a sus compañeros.
Estos carajos fingen que no se conocen y en algunos casos entablan conversaciones con los demás pasajeros. Llegado el momento de actuar, uno del grupo hala una arma de fuego y grita: “No se mueva nadie, este es un asalto”.
Inmediatamente, los otros compinches entran en acción y consuman el atraco, despojando a los pasajeros de todas sus pertenencias.
Así es de sencilla es la obra. ¿Cómo resolver ese problema? ¿Matándolos o encarcelándolos? No hacemos nada con llevarlos a la cárcel porque siempre se buscan la forma de salir con facilidad en los tribunales y hasta en los mismos destacamentos policiales.
Tampoco existe la posibilidad de montar una vigilancia policial en cada autobús, pues implicaría retirar a los policías de las calles, dejando los pueblos sin vigilancia y el terreno libre a estos malhechores, a menos que los empresarios del transporte se comprometan a cubrir los sueldos de los agentes.
Otra opción sería contratar servicios de agentes privados y aplicar un plan de acción en combinación con la Jefatura de la Policía Nacional dentro del Plan de Seguridad Ciudadana puesto en ejecución recientemente por el presidente Danilo Medina.
Con la mayor sinceridad y respeto a los que disienten de mí, me inclino por la eliminación física, al momento del apresamiento. Se podría decir que es una posición muy radical, y en efecto lo es, pero es el método más efectivo de sacar esas ratas humanas podidas de las calles. Sepultados no harán daño a nadie.
Los atracadores tienen instintos de asesinos. Son peligrosos, pues no sólo asaltan, sino que van dispuestos a matar. Además, se sienten protegidos por las instituciones que predican la protección de los derechos humanos y algunos medios de comunicación.
A los delincuentes hay que fusilarlos o colgarlos en una plaza pública, con un letrero en el pecho que diga por qué decidieron salir de ellos usando ese método. En esa trama habrá de incluirse a los violadores de mujeres y niños.
En estos momentos, la población teme por sus vidas. La gente anda sigilosa por las calles y se pone nerviosa cuando alguien le pasa por el lado. No podemos seguir atrapados en un terror psicológico a causa de la delincuencia.