POR FREDY E. PEREZ ESPINOSA
Para Ecos del Sur
Dos indicadores importantes para medir el grado de desarrollo de un pueblo lo constituyen la manera de cómo está organizado o no el tránsito de vehículos y peatones y el manejo de los desechos sólidos, líquidos o gaseosos.
La caricatura que presento fue tomada del periódico dominicano El Día y es de la autoría de Cristian Hernández. La misma muestra a un cuadrúpedo (Que en República Dominicana le llamamos burro y en otros países asno) manejando en vía contraria, tragándose la luz roja del semáforo, muy contento y satisfecho él, por la hazaña que está realizando. El está en lo suyo y los demás no importan.
Esta caricatura es un excelente ejemplo gráfico de lo que ocurre con mucha frecuencia en las calles, avenidas y carreteras del País. Si no lo cree, o quiere tapar el sol con un dedo, le invito a que observe lo que ocurre en la intersección de las avenidas 27 de febrero con Winston Churchill de la ciudad de Santo Domingo, a cualquier hora del día o de la noche. Pero lo mismo ocurre en Montecristi, Santiago, Pedernales, Samaná, Barahona, Puerto Plata o La Romana.
Considero que estos hechos evidencian un bajo nivel de educación vial en un alto porcentaje de la población dominicana, lo cual se traduce en accidentes de tránsito que provocan muertos y heridos que podrían evitarse.
Con el manejo de los desechos sólidos, líquidos o gaseosos ocurre lo mismo. Es muy común observar como muchas personas lanzan los desechos en las calles, mercados, playas, ríos, plazas y demás lugares, provocando una contaminación tal que afecta la salud de los individuos.
Hay quienes afirman, y con mucha razón, que como va el tránsito y se maneja la basura (desecho sólido) así va el pueblo. Las calles y los mercados dominicanos son el mejor ejemplo de esta lamentable y triste realidad.
El desorden en el tránsito y en el manejo de los desechos no son una causa, sino que es el resultado de una deficiente educación vial y ambiental recibida por la población a lo largo de muchos años. De ahí que, soy de opinión que debe hacerse una revisión en los contenidos de los programas de la educación formal en la República Dominicana e incorporar en la Educación Inicial, Básica y Media los elementos que contribuyan a formar un individuo, con una convicción tal de la realidad vial y ambiental, que provoque un giro de 360 grados al desorden y a la arrabalización que tenemos hoy.
Para los que estamos un poco mayorcitos y que no entendemos cómo preservar la vida y el medio ambiente, el Estado Dominicano debe ejecutar, a través de los medios de comunicación, planes y programas que contribuyan a elevar los niveles de educación vial y ambiental. De igual manera, los ayuntamientos, en cada municipio y distrito municipal, también tienen que hacer su trabajo en ese sentido.
Recuerdo, otra vez, la frase de Mons. José Dolores Grullón Estrella, Obispo de San Juan de la Maguana: ¡Si se quiere, se puede!
Para Ecos del Sur
Dos indicadores importantes para medir el grado de desarrollo de un pueblo lo constituyen la manera de cómo está organizado o no el tránsito de vehículos y peatones y el manejo de los desechos sólidos, líquidos o gaseosos.
La caricatura que presento fue tomada del periódico dominicano El Día y es de la autoría de Cristian Hernández. La misma muestra a un cuadrúpedo (Que en República Dominicana le llamamos burro y en otros países asno) manejando en vía contraria, tragándose la luz roja del semáforo, muy contento y satisfecho él, por la hazaña que está realizando. El está en lo suyo y los demás no importan.
Esta caricatura es un excelente ejemplo gráfico de lo que ocurre con mucha frecuencia en las calles, avenidas y carreteras del País. Si no lo cree, o quiere tapar el sol con un dedo, le invito a que observe lo que ocurre en la intersección de las avenidas 27 de febrero con Winston Churchill de la ciudad de Santo Domingo, a cualquier hora del día o de la noche. Pero lo mismo ocurre en Montecristi, Santiago, Pedernales, Samaná, Barahona, Puerto Plata o La Romana.
Considero que estos hechos evidencian un bajo nivel de educación vial en un alto porcentaje de la población dominicana, lo cual se traduce en accidentes de tránsito que provocan muertos y heridos que podrían evitarse.
Con el manejo de los desechos sólidos, líquidos o gaseosos ocurre lo mismo. Es muy común observar como muchas personas lanzan los desechos en las calles, mercados, playas, ríos, plazas y demás lugares, provocando una contaminación tal que afecta la salud de los individuos.
Hay quienes afirman, y con mucha razón, que como va el tránsito y se maneja la basura (desecho sólido) así va el pueblo. Las calles y los mercados dominicanos son el mejor ejemplo de esta lamentable y triste realidad.
El desorden en el tránsito y en el manejo de los desechos no son una causa, sino que es el resultado de una deficiente educación vial y ambiental recibida por la población a lo largo de muchos años. De ahí que, soy de opinión que debe hacerse una revisión en los contenidos de los programas de la educación formal en la República Dominicana e incorporar en la Educación Inicial, Básica y Media los elementos que contribuyan a formar un individuo, con una convicción tal de la realidad vial y ambiental, que provoque un giro de 360 grados al desorden y a la arrabalización que tenemos hoy.
Para los que estamos un poco mayorcitos y que no entendemos cómo preservar la vida y el medio ambiente, el Estado Dominicano debe ejecutar, a través de los medios de comunicación, planes y programas que contribuyan a elevar los niveles de educación vial y ambiental. De igual manera, los ayuntamientos, en cada municipio y distrito municipal, también tienen que hacer su trabajo en ese sentido.
Recuerdo, otra vez, la frase de Mons. José Dolores Grullón Estrella, Obispo de San Juan de la Maguana: ¡Si se quiere, se puede!
