POR JUNIOR FELIZ,
Artículo enviado a Ecos del Sur
No cabe la menor duda que cuando algunas personas llamada políticos quieren llegar a una posición del Gobierno, se vuelven cariñosos, simpáticos, humildes, atentos, y muchas veces hasta hacen el papel de payaso, haciendo todo tipo de gracias para que lo vean con buenos ojos.
El Político busca todo tipo de ayuda, se cobija bajo el árbol que da sombra y frutos. Las ideas les alcanzan para todos, y la memoria es su mejor aliada para recordar todos los amigos que necesita para lograr su objetivo.
Una vez llegada a la posición, agradece hasta a los que no hicieron nada por él y vende la idea que será diferente al que está reemplazando.
No hay un tiempo definido para notar el cambio, pero si se puede notar que el camaleón está cambiando de color cuando quiere llegar a la ingratitud.
El noviazgo del Político con la Ingratitud inicia cuando se divorcia de sus verdaderos amigos, y los que lo llevaron a la posición. Es decir, muerde de la mano que le dio de comer y de sus amigos para no agradecer.
La primera cita es buscar amigos nuevos para que le agradezcan y el no tener que agradecer.
Los primeros romances a besos es creer que no necesita a nadie, lo sabe todo, se olvida y rompe los acuerdos.
Antes de llegar a la iglesia comienza a buscar enemigos de sus enemigos, se enamora de la posición y se hace la ilusión de que se casó con una mujer débil y que la puede manejar a su antojo.
Casado, el camaleón sale de la iglesia para irse de luna de miel, de brazos con su nueva mujer “LA INGRATITUD”.
