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sábado, 8 de junio de 2013

OPINION: Crónica de un viaje de supervivencia.

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POR JUNIOR FELIZ, 
Artículo enviado a Ecos del Sur
 
La Marina de Guerra y  algunas autoridades locales estaban invitando a personas del pueblo para que asistan  a un Operativo Cívico Militar que se estaría desarrollando en la isla Beata en beneficio de los pescadores de esa zona.

El mismo consistía en consulta general, dental, entrega de medicamentos, botiquín para pescadores y una licencia para desarrollar su labor en el mar.

El  jueves  6 algunas personas buscaban sus amigos para poder ir a conocer la isla Beata  y un viaje de aventura en un barco de la Marina de Guerra donde manda la idea de comodidad y seguridad.
 
El viernes  7 a las 6 de la mañana  era la fecha y la hora para partir hacia la Isla Beata. Las personas que iban se les habían informado que no faltaría nada en la embarcación ni mucho menos en la isla. 

Es decir, las atenciones de los alimentos y lo que se pudiera necesitar estaba seguro.

A las 5:20 de la mañana ya algunas personas se preparaban para ir al viaje, mientras otras daban por seguro que sería supuestamente a la hora dominicana (no puntual).  Y se quedaron para la suerte de ellos.

A las 5:30 de la mañana un  barco muy grande estaba en el muelle esperando las autoridades y los visitantes, mientras que la camioneta de la Marina de Guerra daba la señal de la puntualidad, mientras que el mayor del Cesfront Aldo Fernández se estacionaba 5 minutos antes, mientras algunos segundos después empezaron a llegar el Gobernador, Diputados, regidores, Encargado de Migración, de Salud Publica, de los Municipios, Alcaldes de Barahona, entre otras personas.

A las 6 en punto de la mañana cuando todos abordaban el barco se dieron cuenta que esa no era la embarcación, sino, otro más pequeño, pero igual de seguro y con la misma comodidad, estaba detrás del primero que le estaba de cortina, y ahí empezó la travesía de encontrarse con algo que no esperaban.

Las fotografías, los saludos, las caras agradables,  no se hicieron esperar a la hora de partir.

A las ocho de la mañana el vapor de la cocina delataba algo que se cocía, mientras que Luis Eduardo Acosta, mejor conocido como Luis Carita trataba de adivinar que era que cocinaban y estaba seguro que era un Sándwich que estaría almorzando en 10 minutos.
 
Dos horas después algunos empezaron a destapara lo poco que habían llevado, mientras que otros que contaban con lo que se le prometió contemplaban el mar o trataban de ver algo diferente.

Otros, sin embargo, fueron secuestrados por el mareo  y vómitos de algo que no habían comido.

Todos, a excepción de algunas autoridades, solo le quedaron a esperar una comida que nunca llego.

Ya en la isla y empezada la actividad con el Jefe de la Marina, el hambre se hacía más alidada y mas incomoda entre los presentes, mientras que unos buscaban colmados, otros tumbaban cocos y pedían machetes prestados sin preguntar los dueños de una fruta que encontraron sembradas.

Los cocos fueron los desayunos de pocos, unas maltas o galleticas eran el desayuno de otros, mientras que todos esperaban las doce del medio día para comer.

A la una de la tarde el  ánimo renació en los presentes, y señalaban el almuerzo en una Yola que fue enviada desde  del barco.