POR BIENVENIDO MENDEZ G. Para Ecos del Sur
El Partido Revolucionario Dominicano, PRD, al perder las últimas elecciones presidenciales entro en una crisis interna que al momento no ha podido superar, y ya va más de un año.
En ese interregno de tiempo se han producido acercamientos que indican una luz en el túnel, pero rápidamente se vuelve a posiciones anteriores y la crisis envés de atenuarse se agrava.
Los últimos encuentros de Hipólito y Miguel son un aliciente unitario para amplios segmentos perredeístas que están conscientes que un partido dividido no logra victorias electorales porque los votantes temen que lleve sus conflictos al seno del gobierno.
Empero, esos vientos unitarios no cuentan con suficiente velocidad para derribar los óbices y barreras que impiden que el partido blanco unifique fuerzas y voluntades y entienda que la unidad es la clave para alcanzar el poder.
Entiendo que el partido del jacho no tiene claro que es lo que le conviene para salir de una crisis interna larga y odiosa que está diezmando el interés político y las simpatías en un partido que aun es esperanza de muchos.
Esa situación debe analizarse con mucho juicio para determinar si la salida a la crisis es votando a Hipólito, a Miguel o a quien impida la unidad, solo así el PRD vencería una crisis que esta vez amenaza con ser el inicio del fin de un partido base de la democracia dominicana.
Cuando el PRD entienda que es lo que le conviene va a resolver sus problemas internos que lo mantienen fuera del poder castigando a una militancia fiel que nunca ha sido parte de las luchas personales sin carácter ideológico que se escenifican en el otrora partido de Peña Gómez.
Para eso se necesita cabeza fría y pie de plomos, conscientes de que pese a ser el partido más viejo el PRD es muy débil institucionalmente al extremo que ni padrón tiene, y que las posibles soluciones aunque a muchos no les agrade deben ser pactadas muchas de ellas, como es costumbre en la organización.
El Partido Revolucionario Dominicano, PRD, al perder las últimas elecciones presidenciales entro en una crisis interna que al momento no ha podido superar, y ya va más de un año.
En ese interregno de tiempo se han producido acercamientos que indican una luz en el túnel, pero rápidamente se vuelve a posiciones anteriores y la crisis envés de atenuarse se agrava.
Los últimos encuentros de Hipólito y Miguel son un aliciente unitario para amplios segmentos perredeístas que están conscientes que un partido dividido no logra victorias electorales porque los votantes temen que lleve sus conflictos al seno del gobierno.
Empero, esos vientos unitarios no cuentan con suficiente velocidad para derribar los óbices y barreras que impiden que el partido blanco unifique fuerzas y voluntades y entienda que la unidad es la clave para alcanzar el poder.
Entiendo que el partido del jacho no tiene claro que es lo que le conviene para salir de una crisis interna larga y odiosa que está diezmando el interés político y las simpatías en un partido que aun es esperanza de muchos.
Esa situación debe analizarse con mucho juicio para determinar si la salida a la crisis es votando a Hipólito, a Miguel o a quien impida la unidad, solo así el PRD vencería una crisis que esta vez amenaza con ser el inicio del fin de un partido base de la democracia dominicana.
Cuando el PRD entienda que es lo que le conviene va a resolver sus problemas internos que lo mantienen fuera del poder castigando a una militancia fiel que nunca ha sido parte de las luchas personales sin carácter ideológico que se escenifican en el otrora partido de Peña Gómez.
Para eso se necesita cabeza fría y pie de plomos, conscientes de que pese a ser el partido más viejo el PRD es muy débil institucionalmente al extremo que ni padrón tiene, y que las posibles soluciones aunque a muchos no les agrade deben ser pactadas muchas de ellas, como es costumbre en la organización.