BUSCAR EN NUESTRA PAGINA

Header Ads

martes, 4 de junio de 2013

OPINION: Oración por Doro Buenaventura Vásquez Acosta

0 comments
POR BIENVENIDO MATOS PEREZ
Artículo enviado a Ecos del Sur.
 
Aunque hace días que depositamos tus restos mortales en el viejo cementerio de Barahona quiero hacer publica hoy las palabras que exprese a intención de tus hijos y tus amigos para despedirnos y despedir tu cuerpo exánime de este mundo de dolores que algunos llaman el mundo de los vivos, tu sabes bien pues lo reconociste como un privilegio los años que te dio el altísimo sobre esta tierra, años que convertiste en una fructífera existencia llena de amor, de grandeza, de solidaridad que te hacen ante todos los que te conocieron un gigante, un hombre extraordinario que vivió sirviendo a sus semejantes cada día como su fuera el ultimo día de su existencia.

Por ello he querido hablarte, hacerlo público para que todos sepan ahora que te has marchado testarudo, convencido, que no volverás a esta tierra porque tu nombre y tu obra pertenecen a la eternidad, de ti se pueden Doro Buenaventura Vázquez acosta decir muchas cosas, y  si fuéramos a escribir tu biografía no cabria en el espacio breve que debe durar una ceremonia de enterramiento porque tu biografía tendría que ser la historia de toda tu vida, de tu vida plena, de tus 104 años que Dios le quito al calendario para que fueras apoyo moral, espiritual, ejemplo de vida y de conducta para los tuyos y para todos porque tu Doro a quien no le diste tampoco le quitaste, y porque pretendiste una justicia difícil en esta vida hasta para con los actos de tu amistad.

Fuiste Juez, te toco a ti juzgar la conducta de los hombres, de todos estos pueblos y te apegaste a la justicia sin distingos políticos, familiares o de relaciones amistosas, en estos lugares tan difíciles en el que uno está ligado por la sangre o por los afectos que para ti eran otra forma de familiaridad a veces más pura, más sagrada y más firme que la que depara la familiaridad de la sangre.

Hoy quiero recordarte una anécdota vieja que me contaron hace ya muchos años cuando te toco firmar la sentencia que condenaba a un amigo, después de analizarla letra por letra tuviste que expresar – Hubiera querido no tener manos para no tener que firmar esta sentencia contra un amigo tan entrañable y apreciado por mí, pero el deber se impone, hizo llamar al condenado y le dijo – He tenido que firmar la sentencia condenatoria contra ti, hubiera querido morirme, pero es a usted a quien le corresponde convertir su desgracia en triunfo, elevarse por encima de las circunstancias y en el futuro ser un hombre mejor, demuéstrele a la sociedad que usted puede, convierta esta derrota en una victoria para todos, es lo único que puedo hacer por usted, así actuaba un hombre imparcial, un Juez que predicaba justicia y que estaba convencido que sin justicia estos pueblos no podían progresar.

Por ello al momento de dejar la existencia no había en ti temores, tú estabas convencido de que tantos años después la muerte vendría por ti en cualquier instante y estabas preparado para ello, en ti se notaban los signos de tranquilidad y sosiego que siempre preceden a la muerte.

Yo recuerdo Doro en las largas conversaciones que tuvimos, tú con esa memoria imborrable como recordabas hasta los momentos más lejanos de tu niñez, como describías el antiguo pueblo de Barahona porque según tus palabras hubo un pueblo antiguo, de calles estrechas, de montes espesos, de casas unas lejanas de las otras, de árboles frutales, de caminos angostos que por más que los caminaras siempre te llevaban al rio, a biran que parecía un muchacho señorial incansable lleno de bríos, de fuerzas incontenibles y después un poco del progreso fue recreando el Barahona viejo que tú podrías recordar con una precisión casi matemática, no sé porque celebrabas tanto y te contentabas tanto recordando tus amigos, tu tiempo, pero es que tu nos amabas a todo, tu familia que fue la primera de tus grandes pasiones aunque es difícil separa tu entorno familiar puro del entorno de tus propios amigos a quienes distinguiste también con venerada devoción y afecto, los años te pesaban, ya eran muchos y se te veía subir al tribunal con tu toga bajo el brazo siempre a defender un amigo, ¡Cuanta calidad humana había en tu existencia!, por ello Doro Buenaventura Vásquez Acosta es que a todos nos duele tanto tu partida, porque uno sabe que debajo de la sombra generosa que fue tu vida ya no volveremos a sentarnos para refugiarnos bajo el frescor de tu existencia y porque estamos convencidos que con tu partida al mundo de la verdad sucede como cuando una ciudad se va quedando a oscuras, pero total nada podemos hacer contra la muerte, por ellos al despedirme de ti solo te pido que al encontrarte con tu hijo Julio Vásquez tu amado hijo en el camino hacia la eternidad le recuerdes mi cariño profundo y que al reunirte con tus seres queridos, los que amaste vuelvas a encontrar la paz en que visite con los tuyos.

Y hoy quiero recordarte, que aunque algunos de los que te quisimos cumpla 100 años o más sobre esta tierra tarde o temprano nos encontraremos en la ciudad de la eternidad, aquí solo somos pasajeros que vamos día a día preparando nuestras alforjas para el viaje sin regreso aunque la fecha de partida uno nunca la sabe, siempre te recordaremos y serás entre nosotros el amigo, el hermano, Doro Buenaventura Vásquez Acosta, el amigo que se marcho a la eternidad.