POR DAVID RAMIREZ
Artículo enviado a Ecos del Sur.
Artículo enviado a Ecos del Sur.
Vaya ironía. Ver en los noticiarios imágenes de miles de turcos protestando y exigiendo en la plaza Taksim la dimisión del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, ha resultado chocante para el imperialismo norteamericano y para la troika europea. Es que las protestas, que comenzó con un grupito de ecologistas para salvar un parque de Estambul de la voracidad urbanística de los de constructores y capitalistas inmobiliarios miembros del partido gobernante, reveló la verdadera naturaleza política de esa agrupación islamista en el gobierno, la represión policial destapó la caja de pandora.
Es verdad que la tala de árboles y la represión brutal e injustificada contra los ecologistas en el parque fue la chispa que encendió las protestas, pero esta cólera del pueblo viene de lo más profundo. Desde su ascenso al gobierno (pactado con los militares para salvar al Estado turco de la bancarrota), Erdogan y su partido, el AKP, han venido aplicando una política económica neoliberal que solo ha servido para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.
En 12 años de gobierno, la distribución del llamado “milagro económico turco” solo ha servido para el enriquecimiento personal de los miembros del gobierno, de la burguesía y los consorcios del capitalismo internacional. Además, es cada vez más evidente que Erdogan ha perdido contacto con la realidad.
Hoy, una gran parte de la sociedad turca considera al primer ministro, por su estilo autoritario, “el nuevo sultán”, gracias a su escaso interés por buscar el diálogo y consenso sobre cuestiones sensibles, como los planes de islamización acelerada de la sociedad, la prohibición del aborto, restricción en la venta y consumo de bebidas alcohólicas, reforma a la Constitución,etc.
Para los sectores laicos acomodados, las minorías kurdas y alevies, Erdogan tiene una agenda oculta que no es otra que implantar una dictadura basada en la sharia.Para los países imperialistas y sus socios europeos, estas protestas multitudinarias son extemporáneas y desagradables, porque el modelo económico y el tinte de “islamista democrático” del AKP turco era principal laboratorio o el modelo a seguir para los países árabes, donde la “primavera” barrió con las dictaduras seculares.
Es irónico, pero cuando uno se pone a recordar que hace unos meses Erdogan , con aura de viejo profeta bíblico y aire de sabiduría, daba consejos a los manifestantes de la primavera árabe cómo librarse de gobiernos déspotas, corruptos e injustos, jamás pensó que algún día también se la aplicarían a él en la plaza Taksim.
Erdogan, creyéndose como único vector democrático del Medio Oriente y actuando como el sultán del viejo imperio Otomano, tomó la decisión de armar y financiar a miles de yihadistas de Al Qaeda y mercenarios sirios para que, desde la frontera Turca-Siria, desestabilizaran o derrocaran a Bashar el Asad para luego, junto con los países imperialistas y las monarquías retrogradas árabes, apoderarse de los recursos petroleros y minerales de ese país.
Es posible que las multitudinarias manifestaciones que a diario se realizan en Turquía contra el autoritarismo de Erdogan no logren desalojarlo del gobierno a corto plazo, pero de algo estamos seguro; ya nada será igual en Turquía. Se acabó la hipocresía, luego de las represión policial y la aptitud beligerantes e intransigente asumida por el mandatario turco contra pacíficos manifestantes, este perdió autoridad moral en el mundo árabe.
Al “sultán” Erdogan se le cayó la careta, en la plaza Taksim asomó su verdadero rostro.

