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lunes, 8 de julio de 2013

DESDE LAS GRADAS DEL SUR: Seguimos cogiendo el rábano por las hojas.

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POR FREDY E. PEREZ E.
Para Ecos del Sur.


No hay que ser un experto, ni poseer un coeficiente de inteligencia muy elevado para darse cuenta de cuáles son los factores causales de la delincuencia, la violencia y la criminalidad, que se esparce como la verdolaga en la República Dominicana.

En los últimos días, los antisociales han atacado a oficiales de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, provocando una reacción de repudio de la colectividad nacional. Un Ángel, de nombre Suleica Ponciano Polanco, Segundo Teniente del Ejército Nacional, nativa de Hato Mayor, fue abatida a tiros, en un barrio de Santo Domingo, por delincuentes desalmados, que no espetaron su condición de mujer para quitarle lo más preciado de un ser humano, su vida.

Cuántos esfuerzos y cuántos sacrificios, tanto de sus padres, como de ella misma, truncados en un par de segundos, mientras la delincuencia y la criminalidad se enseñorean a lo largo y ancho del territorio nacional.

En el Barrio Mejoramiento Social del Distrito  Nacional, un Santo,  Manuel de Jesús Sosa Jiménez (Puchito), Teniente de la Fuerza Aérea Dominicana, Entrenador de Boxeo, es asesinado delante de dos de sus hijas, en un hecho que ha estremecido la conciencia nacional.

Cuántos años dedicados al bien común de este  extraordinario ser humano fueron cegados en un instante por las balas asesinas disparadas por  inescrupulosos delincuentes. Vi fotos, en los periódicos de circulación nacional, donde  alumnos de boxeo de este consagrado hombre del pueblo, observaban incrédulos el cadáver de su maestro.  ¡Que pena! ¡Cuanto dolor!

Luego de estos lamentables acontecimientos, viene la emotividad y las declaraciones estrambóticas, como siempre, de aquellos que todo lo quieren resolver en un instante, no dándose cuenta que sus declaraciones no resuelven nada. Son simples cirqueros de la cotidianidad y algunos de ellos responsables de los males sociales que nos aquejan.

No basta decir que la Policía Nacional tiene que poner mano dura o  que hay modificar el Código Procesal Penal.  Lo mismo, que hay que aumentar el número de años a las penas que se les imponen a los acusados de cometer este tipo de crímenes.

Todas esas declaraciones las considero emotividades momentáneas de los que quieren decir algo ante la contundencia de los hechos que estremecen la conciencia nacional. Se pintan de representantes de los demás sin nadie haberlos elegido.

Es cierto que se debe continuar con un proceso de adecentamiento o depuración de la Policía Nacional, pero este solo hecho no resuelve el problema, ya que no ataca las reales causas de esta inquietante situación.

En la Policía Nacional no es que está la génesis de la delincuencia y la criminalidad.  Pensar así es seguir cogiendo el rábano por las hojas y darle de lado al planteamiento de soluciones concretas al problema.   

Las causas reales están en la sociedad misma y en la actitud de sus dirigentes, por lo tanto, voy a enumerar algunas causas que a mi parecer están incidiendo en el incremento de la delincuencia, la violencia y la criminalidad en la República Dominicana:

1.- Un sistema educativo deficiente
2.- La corrupción 
3.- La impunidad
4.- Las ansias de querer tener más dinero con el menor esfuerzo posible.
5.- Pérdida de los valores éticos y morales.
6.- El consumo y  tráfico de drogas
7.- La exclusión Social
8.- La inequidad económica
9.- El desempleo y la pobreza
10.-La falta de oportunidades que tiene la juventud

De verdad, que enfrentar exitosamente los factores que acabo de enumerar le llevaría décadas a la Nación Dominicana, por no decir siglos.  Sin embargo, es la realidad pura y simple y tenemos que iniciar ese proceso.

Hacer conciencia de los factores que he enumerado es comenzar a buscarle solución a los problemas de la delincuencia, violencia y criminalidad en la República Dominicana.

Cualquiera no lo cree, pero es una realidad, en al República Dominicana hay más bancas de apuestas, por mucho, que escuelas y se consume más cerveza que leche.

¿Nos damos cuenta, entonces, por dónde va la cosa?

Para comunicarse con el autor:
elegidoprimero@hotmail.com