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lunes, 22 de julio de 2013

OPINION: Gobernantes con visión de futuro

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POR MANUEL VOLQUEZ
Para Ecos del Sur.

El filósofo Josep Ramoneda decía que la racionalidad del quehacer político se reduce a una simple fórmula matemática: saber implementar las estrategias y aplicar con rigor las técnicas para poder conquistar y mantener el poder.

Muchos líderes de la política fracasan porque descuidan aspectos fundamentales que la sociedad vigila cautelosamente. Creen mucho en la plasticidad de la sociedad, confían en su capacidad de moldear las instituciones y de adaptarse a ellas.

Es decir, confían en la retroalimentación (en los resultados de sus hechos) entre el vicio y la virtud, pero pocas veces se detienen a valorar la importancia involucrarse directamente con el pueblo para observar de cerca los problemas que padecen.

Se trata de un concepto filosófico que no pierde vigencia. Cuando se gobierna de espalda al pueblo, las cosas no salen bien. Hay muchos ejemplos sobre estas cosas e incluso algunos gobernantes han caído por no aplicar esos principios.

Todo gobernante siempre se apasiona por el poder, sobre todo si es visionario, inteligente, honesto, trabajador y respetuoso. Al poder no se llega para servirse, sino para servirle al pueblo. No todos entienden ese concepto, sólo los hombres honestos y sabios.

En una sociedad democrática, un gobernante debe trabajar siempre con un oído puesto en la ciudadanía, que es quien puede favorecerlo con el voto, y el otro en el poder económico, que es en definitiva el que puede hundirlo a base del dinero.

A parte del poder económico, están los poderes fácticos, que son grupos que actúan al margen y unidos a los partidos y que mantienen una presión social constante sobre el poder legalmente constituido a través del voto.

Las organizaciones populares, las redes comunitarias y las instituciones de la denominada sociedad civil, son ejemplos de poderes fácticos, que utilizando al pueblo como carnada hacen la vida imposible a muchos gobernantes democráticos y en ocasiones lo hacen para sacar provecho económico a través del chantaje.

Un gobernante inteligente conoce a la perfección cómo funcionan esos poderes y trata de lidiar con ellos con sumo cuidado, con fino tacto y sabiduría.

Esa filosofía es bien interpretada por líderes mundiales que saben encaminar los pasos hacia un futuro promisorio. El pueblo es sabio, observador, tolerante y en su momento castiga a quienes no cumplen.

El presidente Danilo Medina, para citar un ejemplo, ha implementado un estilo diferente de gobernar, poniendo en práctica su mensaje de campaña en las pasadas elecciones generales de “Continuar lo que está bien, corregir lo que está mal, y hacer lo que nunca se hizo”.

El contacto directo del mandatario con la gente, especialmente aquellos dominicanos que viven en la zona rural y barrios marginados, ha dado sus resultados positivos porque es la forma de ver de cerca la catastrófica realidad que padecen millones de dominicanos, comprobar en el terreno de los hechos que se están cumpliendo sus instrucciones, que no lo están engañando.

Se trata de una postura muy inteligente que ojalá sea imitada por los futuros jefes de Estado. Es una visión de futuro que trae buenos frutos.