POR RAFAEL PERALTA ROMERO.
Para Ecos del Sur.
¿En qué se parece la entrada de Azua con la llegada a una ciudad de la India? Tienen en común que las vacas se pasean felices por la carretera sin que nada ni nadie las interrumpa. Allá son seres sagrados y aquí lo parecen.
Unas reses enormes y hermosas, dignas de un dueño más responsable, anuncian al viajero que va por la ruta Baní-Azua que ya se aproxima la Compostela. Poquito más alante está la sede de la Policía Nacional y un registro por si los haitianos, pero nadie detiene a las vacas apropiadas de la vía.
La seguridad ciudadana –pensarán las autoridades- no incluye detener reses, antes de que éstas provoquen un accidente. Nadie ha instruido a la Policía de Azua –ni nacional ni municipal ni Amet- de que evitar este desorden vacuno entra también en corregir lo que está mal.
Sin duda, está mal que a la entrada de esa ciudad sureña las reses anden como andan, como vacas sin ley.
