POR RAMON ALBERTO LOPEZ.
Tomado del Expreso del Sur
El doctor Praede Olivero publica hoy en Ecos del Sur que tomó la decisión correcta de retirarse del acto de celebración del 150 aniversario de la gesta restauradora que se celebró en esta ciudad "para escribir lo que estoy compartiendo con ustedes, buscando que compartan mi rabia".
"Siento Rabia, Luperón" le escribió el ilustre jurista al insigne restaurador, y pienso que no es para menos, porque todos los que estuvimos en ese acto pudimos ver lo mismo, pero debió de quedarse para que notara algo más que pude notar y que luego compartí con un amigo.
De camino a casa, le dije al amigo: - Viste cómo está la estatua de Luperón? - Sí, la vi, me dijo.
- Es increíble! fue mi lacónica respuesta al tiempo que mis labios dibujaban algo que quiso ser una expresión de no entender lo que sucedió
A seguidas le dije: haz un ejercicio mental y quita del escenario a la guardia que ahí estaba, porque forma parte del acto, quita también a los policías porque son un público cautivo y parte de la ceremonia, quita a las muchachas del Batton Ballet porque, de igual manera, son parte del ceremonial, y ahora dime: ¿Qué público queda? A quiénes se les hizo la ceremonia?
Hablando con voz queda, como si monologara, seguí diciéndole al amigo: Ahora cuenta los funcionarios que se dieron cita al acto, ¿Cuántos eran? Cuántos debieron de estar? qué se hizo el funcionariado barahonero, por qué no estaba?
¿Qué está pasando que se está perdiendo la esencia de las celebraciones patrias?
El doctor Praede Olivero publica hoy en Ecos del Sur que tomó la decisión correcta de retirarse del acto de celebración del 150 aniversario de la gesta restauradora que se celebró en esta ciudad "para escribir lo que estoy compartiendo con ustedes, buscando que compartan mi rabia".
"Siento Rabia, Luperón" le escribió el ilustre jurista al insigne restaurador, y pienso que no es para menos, porque todos los que estuvimos en ese acto pudimos ver lo mismo, pero debió de quedarse para que notara algo más que pude notar y que luego compartí con un amigo.
De camino a casa, le dije al amigo: - Viste cómo está la estatua de Luperón? - Sí, la vi, me dijo.
- Es increíble! fue mi lacónica respuesta al tiempo que mis labios dibujaban algo que quiso ser una expresión de no entender lo que sucedió
A seguidas le dije: haz un ejercicio mental y quita del escenario a la guardia que ahí estaba, porque forma parte del acto, quita también a los policías porque son un público cautivo y parte de la ceremonia, quita a las muchachas del Batton Ballet porque, de igual manera, son parte del ceremonial, y ahora dime: ¿Qué público queda? A quiénes se les hizo la ceremonia?
Hablando con voz queda, como si monologara, seguí diciéndole al amigo: Ahora cuenta los funcionarios que se dieron cita al acto, ¿Cuántos eran? Cuántos debieron de estar? qué se hizo el funcionariado barahonero, por qué no estaba?
¿Qué está pasando que se está perdiendo la esencia de las celebraciones patrias?
Mientras seguíamos bajando por la calle Duarte, con ese calor de media mañana de un 16 de agosto, reflexionábamos sobre si la Comisión Permanente de Efemérides Patrias cuenta con presupuesto, no lo sabemos, y qué hacer para relanzar hacia el pueblo el acto de celebración de una cruzada por la que hoy se puede afirmar que existe la República Dominicana.
Y así cavilando sobre lo que pudo ser y no fue, llegamos a la residencia del amigo, nos despedimos, y yo seguí mi camino...

