POR DARIO POZO RUZ
Desde España para Ecos del Sur.
Los hechos nos demuestran que “España empieza por ser un problema para los propios españoles”…como decía Antonio Rodriguez Huescar .
Los “ciudadanos de a pie” aguantamos con estoicismo el bombardeo mediático del Sr. Mas y sus afanes independentistas en el día de la “Diada”… No comprendemos nada a este gobierno de España.
Hace unos pocos años la pretensión marroquí de ocupar la Isla de Perejil, provocó un incidente tras colocar en sus rocas la bandera del Reino Alauita, motivó la intervención de nuestra Armada, pero no se comprende como un territorio que forma parte de España: Cataluña, juega continuamente contra los símbolos de identidad de nuestro Estado: retira banderas españolas, margina nuestro idioma y pretende celebrar una secesión •”en toda regla” riéndose de nuestra Constitución, animando un proceso de desintegración con protagonismos de unos cuantos dirigentes políticos movidos por codicias, soberbias y envidias, cosa que no podemos comprender ante el absurdo de movilizar a un ejército para asegurar y defender un territorio disputado por Marruecos y mirar para otro lado ante descabelladas “payasadas” del Sr. Mas…Aquí no pasa nada.
Decía Ortega que “cuando lo que está mal en un país es la política, puede decirse que nada está muy mal. Ligero y transitorio el malestar, es seguro que el cuerpo social se regulará a sí mismo un día u otro” (Cap. 2 de España Invertebrada.) ¿Podremos ser optimistas?
La “inmoralidad pública que nos aqueja – como bien pensaba el ilustre filósofo – más que una enfermedad que afecta a nuestra sociedad – es la raíz que nos define y pone en evidencia que no somos una sociedad, lo que es mucho más grave, somos una enfermedad.
La misma ilusión que puso nuestra generación en la restauración de los ideales de Pablo Iglesias (socialista fundador del PSOE ) en la década de los 80, se ve ahora eclipsada por tanta corrupción que parece hermanar tanto a la izquierda como a la derecha, y en nuestra decepción renacen con fuerza “vivos” con la pretensión de desintegrar las raíces de una sociedad que parece olvidar las esencias de su existencia como pueblo.
Cuando parece que el nacionalismo periférico de ciertas partes de España, pasa a ocupar un poder mediático importante, no podemos olvidar cómo lo definía Albert Einstein “que es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad." Y como toda enfermedad sus efectos o estimulan las defensas naturales del cuerpo o lo llevan a su muerte.
No hay ningún atisbo de parecido entre las nobles aspiraciones de las antiguas colonias que eran víctimas del absolutismo de entonces y que tuvieron que emanciparse, (supongo que mereció la pena pues ante todo la soberanía de un país está en la determinación de su pueblo).
Por eso veo que en España nadie organiza grandes manifestaciones en defensa de España y cuando suena el himno en estadios deportivos se escuchan muchos silbidos, lo contrario que en la Diada catalana que sí mueve a su gente en defensa de sus señas de identidad.
Ningún cambio político, ni siquiera en las formas de gobierno o en la reforma de las leyes acabaran con el actual aburguesamiento del pueblo español y de cuantos latinos pidieron la doble nacionalidad para gozar de un bienestar material producto de endeudamientos de la nación.
Se hace preciso y se necesita más que nunca recuperar la confianza en “nuevos políticos” (que los hay hasta en los partidos convencionales) aquí y allí, alejándonos de todos cuanto transformaron su ideal de servicio público por “servicio a su bienestar material personal”.
Miedo dan los nuevos portavoces de alternativas que sin experiencia, solo saben elevar voces que parecen surgir más como consecuencia de la putrefacción de la sociedad gastada que como nuevos compromisos de renovación en la acción local.
Mientras asistimos con pasividad al papel que la clase política relega a la ciudadanía, otros en Cataluña o en Euskadi hacen su “agosto” esquilmando social y económicamente a sus territorios, y los más “matan su tiempo” ahogando sus penas con esperanzas truncadas en delirios olímpicos o sueños de ser potencia en todo lo que significa esfuerzo de unos pocos y “circo” para los demás.
Mientras allá en República Dominicana o en otros países hermanos miran con pena el triste espectáculo que dan estos políticos tan venerados en sus corruptelas por sus seguidores al otro “lado del charco”, aquí seguimos esperando un cambio.
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