POR LEONARDO CABRERA DÍAZ
Buscar un método para reducir los niveles de violencia y delincuencia que sacuden al país, requiere quizás de estudios y profundo análisis de las causas y formas para enfrentarle con la efectividad.
Sin embargo hay casos que su solución sólo amerita de un mínimo esfuerzo de las autoridades competentes.
En días pasados, mientras acudíamos a un sepelio en el cementerio municipal de Sainaguá, de mi natal San Cristóbal, fuimos testigos de un hecho que la sociedad ante la impotencia que la sacude por la falta de autoridad, lo ha aceptado como bueno válido, pero resulta verdaderamente chocante y desgarrador.
Resulta que antes de proceder a depositar el féretro en el nicho preparado para tales fines, hubo que darle de martillazos y agrietar su estructura, para evitar de que luego que se abandonara el lugar el ataúd fuera robado, como habitualmente ocurre.
¡Caramba¡ y qué tan difícil resulta para las autoridades municipales designar el personal de seguridad necesario para evitar que estos bochornosos y denigrantes episodios sigan sucediendo en el cementerio municipal de Sainaguá. (Y en todo el país !)
San Cristóbal es digna de mejor suerte. No es posible que además del dolor que significa enterrar a un ser querido, también tengamos que caerle a martillazos al ataúd en que depositamos sus restos para darle cristiana sepultura, ante el temor de que se lo roben.
Y las autoridades?. Bien, gracias.
Sin embargo hay casos que su solución sólo amerita de un mínimo esfuerzo de las autoridades competentes.
En días pasados, mientras acudíamos a un sepelio en el cementerio municipal de Sainaguá, de mi natal San Cristóbal, fuimos testigos de un hecho que la sociedad ante la impotencia que la sacude por la falta de autoridad, lo ha aceptado como bueno válido, pero resulta verdaderamente chocante y desgarrador.
Resulta que antes de proceder a depositar el féretro en el nicho preparado para tales fines, hubo que darle de martillazos y agrietar su estructura, para evitar de que luego que se abandonara el lugar el ataúd fuera robado, como habitualmente ocurre.
¡Caramba¡ y qué tan difícil resulta para las autoridades municipales designar el personal de seguridad necesario para evitar que estos bochornosos y denigrantes episodios sigan sucediendo en el cementerio municipal de Sainaguá. (Y en todo el país !)
San Cristóbal es digna de mejor suerte. No es posible que además del dolor que significa enterrar a un ser querido, también tengamos que caerle a martillazos al ataúd en que depositamos sus restos para darle cristiana sepultura, ante el temor de que se lo roben.
Y las autoridades?. Bien, gracias.
