Para Ecos del Sur.
La situación por la que atraviesa hoy nuestro País con relación al pueblo haitiano no es nada nuevo, pero tampoco es para tomarla como un simple juego de niños y niñas como hasta ahora ocurre en muchos irresponsables dominicanos y dominicanas.
Hay quienes afirman que se ha vivido los efectos de una maldición en la Isla Hispaniola, desde la llegada de los españoles, en el año de 1492, fecha a partir de la cual, se empezó a diezmar la población aborigen encontrada por los mismos en este terruño, hasta exterminarla, algo más de unas tres décadas después.
Pero, para no narrar tan larga historia, tomemos el caso a partir del año 1922, fecha en que el pueblo haitiano tomó posesión de de la parte que hoy se llama República Dominicana, subyugándola y sometiéndola a todo tipo de vejámenes, insultos, atropellos y demás iniquidades. Esos 22 largos años en que hicieron de todo con los entonces futuros dominicanos, no fue un juego de niños.
La historia de los dos países que por cosas de la vida, comparten una misma Isla, está escrita y es evidente que los hechos que propiciaran su establecimiento como países independientes, dejaron claramente sellados los destinos de ambas naciones.
Las luchas y los sacrificios de los trinitarios, no fue más que una forma de demostrar que debe existir la separación de Estados con sus consecuentes costumbres, culturas, idiomas y por que no, unas relaciones armoniosas entre ambas.
Cuando Juan Pablo Duarte sentencio: “Nuestra Patria ha de ser libre de toda Potencia extranjera, o se hunde la Isla”, de seguro que pensó en aquellas grandes potencias que hoy día han mantenido una lucha sistemática, hecha pública sin ningún reparo y sin ningún disimulo, pero también pensó en aquellos malos dominicanos que siempre han vendido su conciencia si es que algún día la tuvieron, al mejor postor, a cambio de unas 30 monedas, heredando al Judas que vendió a Jesucristo.
Esto le cabe también a muchos de los Presidentes que hemos tenido, los cuales no han sabido enfrentar la situación, poniendo las cosas en su justo lugar, actuando con seriedad y apego a la Constitución y las Leyes de la República Dominicana, y permitiendo en el peor de los casos, que grupos de poder (dominicanos), jueguen con la dignidad de un pueblo que un día, más temprano que tarde, tendrá que verse en la mala pasada, como dice el refrán popular, donde el chivo arrastra a la vaca.
Independientemente de lo que ha sido la Sentencia que recientemente emitió el Tribunal Constitucional de la República Dominicana con relación a un grupo de personas, caso que está actualmente en el debate público, veamos algunas cositas para reflexionar:
No hay que creer pero tampoco dudar, de las cosas que están dentro de las posibilidades a juzgas por las condiciones de los seres humanos, y menos en estos tiempos.
Desde niños hemos escuchado decir que los haitianos enseñan en sus escuelas, que a su País, le corresponde desde la división de Azua hacia abajo, es decir, toda la parte Sur y Suroeste de la República Dominicana; también hemos escuchado que los haitianos harían una invasión pacífica a nuestra República, y ésto aunque muchos quieran minimizarlo, es inocultable, ya que producto de la irresponsabilidad de los gobiernos que hemos tenido a través de la historia, aquí no se sabe cuantos haitianos entran y salen o hacen vida permanente en nuestro territorio.
A esto hay que ponerle la debida atención con mucha dignidad y mucho respeto para que ni remotamente haya que pensar en repetir una historia tan triste.
Nos veremos más adelante…
Hay quienes afirman que se ha vivido los efectos de una maldición en la Isla Hispaniola, desde la llegada de los españoles, en el año de 1492, fecha a partir de la cual, se empezó a diezmar la población aborigen encontrada por los mismos en este terruño, hasta exterminarla, algo más de unas tres décadas después.
Pero, para no narrar tan larga historia, tomemos el caso a partir del año 1922, fecha en que el pueblo haitiano tomó posesión de de la parte que hoy se llama República Dominicana, subyugándola y sometiéndola a todo tipo de vejámenes, insultos, atropellos y demás iniquidades. Esos 22 largos años en que hicieron de todo con los entonces futuros dominicanos, no fue un juego de niños.
La historia de los dos países que por cosas de la vida, comparten una misma Isla, está escrita y es evidente que los hechos que propiciaran su establecimiento como países independientes, dejaron claramente sellados los destinos de ambas naciones.
Las luchas y los sacrificios de los trinitarios, no fue más que una forma de demostrar que debe existir la separación de Estados con sus consecuentes costumbres, culturas, idiomas y por que no, unas relaciones armoniosas entre ambas.
Cuando Juan Pablo Duarte sentencio: “Nuestra Patria ha de ser libre de toda Potencia extranjera, o se hunde la Isla”, de seguro que pensó en aquellas grandes potencias que hoy día han mantenido una lucha sistemática, hecha pública sin ningún reparo y sin ningún disimulo, pero también pensó en aquellos malos dominicanos que siempre han vendido su conciencia si es que algún día la tuvieron, al mejor postor, a cambio de unas 30 monedas, heredando al Judas que vendió a Jesucristo.
Esto le cabe también a muchos de los Presidentes que hemos tenido, los cuales no han sabido enfrentar la situación, poniendo las cosas en su justo lugar, actuando con seriedad y apego a la Constitución y las Leyes de la República Dominicana, y permitiendo en el peor de los casos, que grupos de poder (dominicanos), jueguen con la dignidad de un pueblo que un día, más temprano que tarde, tendrá que verse en la mala pasada, como dice el refrán popular, donde el chivo arrastra a la vaca.
Independientemente de lo que ha sido la Sentencia que recientemente emitió el Tribunal Constitucional de la República Dominicana con relación a un grupo de personas, caso que está actualmente en el debate público, veamos algunas cositas para reflexionar:
No hay que creer pero tampoco dudar, de las cosas que están dentro de las posibilidades a juzgas por las condiciones de los seres humanos, y menos en estos tiempos.
Desde niños hemos escuchado decir que los haitianos enseñan en sus escuelas, que a su País, le corresponde desde la división de Azua hacia abajo, es decir, toda la parte Sur y Suroeste de la República Dominicana; también hemos escuchado que los haitianos harían una invasión pacífica a nuestra República, y ésto aunque muchos quieran minimizarlo, es inocultable, ya que producto de la irresponsabilidad de los gobiernos que hemos tenido a través de la historia, aquí no se sabe cuantos haitianos entran y salen o hacen vida permanente en nuestro territorio.
A esto hay que ponerle la debida atención con mucha dignidad y mucho respeto para que ni remotamente haya que pensar en repetir una historia tan triste.
Nos veremos más adelante…
