POR TOMAS AQUINO MENDEZ.
Desde que lo conocí, siendo corresponsal de varios medios en mi pueblo natal, Tamayo, me indujo a ejercer el periodismo desde algún medio en la capital.
Durante varios años me rehusé a escuchar sus consejos. Se ofreció a ayudarme a conseguir empleo en algún medio debido a su relación amplia con ejecutivos y propietarios.
Fue en 1986 cuando finalmente acepté oírlo. Como servía desde Tamayo, como corresponsal de Radio Mil, no me fue dificil lograr que Víctor Melo Báez, director para ese entonces, me abriera un espacio en ese prestigioso informativo. Pero el hecho de dejar mi pueblo y radicarme en la ciudad, fue obra de Emilio Herasme Peña -Emilín-.
“La región necesita una pluma como la tuya, pero tú necesitas un espacio desde la capital para tu proyección y alcanzar un lugar importante en los medios, por tu capacidad, vocación y dedicación”, me decía para convencerme.
Yo valoraba mi trabajo con los grupos populares, comunitarios y campesinos, labor que realizaba desde los grupos a los que pertenecía, y en Radio Enriquillo, emisora de la Iglesia Católica, en la que laboré durante 11 años. Desde allí impulsábamos una labor considerada positiva para
el desarrollo, educación y formación de hombres y mujeres de la zona.
No me veía fuera de ese esce nario, a pesar de la insistencia del amigo Emilín. Ayer, se abrió la tierra para acoger su cuerpo.
Hoy, todos los que le conocimos, le quisimos y seguimos su trayectoria, rogamos por su alma y abogamos para que los suyo tengan la tranquilidad necesaria para soportar su desaparición física. Se destacó como comunicador, pero sus aportes llegaron mucho mas allá. Cuando las circunstancias requirieron de él para defender la soberanía, no vaciló y se integró a un comando de lucha en 1965.
En el momento en que los periodistas necesitaron su apoyo para disponer de una institución que los acogiera y defendiera, estuvo decidido a encabezar el movimiento y convertirse en el primer dirigente del órgano que agrupa a los comunicadores dominicanos. Siendo un militante político a tiempo completo, cuando su partido le pidió representarlo en el Congreso, hizo un receso en su labor periodística y se convirtió en senador por su natal Neyba.
Emilín hizo permanentes y serios compromisos con la verdad, la libertad y la sobenanía. Su humildad la conocimos los que por una u otra razón compartimos con él y estuvimos en algún momento a su lado. Emilio Herasme Peña hacía suyo el pasaje bíblico de no enterar a su mano izquierda de lo que hiciera su derecha. Por eso dejo constancia del gran favor que me hizo al convencerme, casi obligarme a dejar Tamayo y venir a la capital a ejercer mi profesión.
Seguro que ni sus hijos, ni su esposa y creo que ni sus hermanos, incluyendo a don Silvio, conocen de todo cuanto hizo por mí y por muchos otros suroestanos, este hombre que hoy deja su pluma y se va a ocupar una morada al lado del creador. Paz al alma de Emilio Herasme Peña.
Durante varios años me rehusé a escuchar sus consejos. Se ofreció a ayudarme a conseguir empleo en algún medio debido a su relación amplia con ejecutivos y propietarios.
Fue en 1986 cuando finalmente acepté oírlo. Como servía desde Tamayo, como corresponsal de Radio Mil, no me fue dificil lograr que Víctor Melo Báez, director para ese entonces, me abriera un espacio en ese prestigioso informativo. Pero el hecho de dejar mi pueblo y radicarme en la ciudad, fue obra de Emilio Herasme Peña -Emilín-.
“La región necesita una pluma como la tuya, pero tú necesitas un espacio desde la capital para tu proyección y alcanzar un lugar importante en los medios, por tu capacidad, vocación y dedicación”, me decía para convencerme.
Yo valoraba mi trabajo con los grupos populares, comunitarios y campesinos, labor que realizaba desde los grupos a los que pertenecía, y en Radio Enriquillo, emisora de la Iglesia Católica, en la que laboré durante 11 años. Desde allí impulsábamos una labor considerada positiva para
el desarrollo, educación y formación de hombres y mujeres de la zona.
No me veía fuera de ese esce nario, a pesar de la insistencia del amigo Emilín. Ayer, se abrió la tierra para acoger su cuerpo.
Hoy, todos los que le conocimos, le quisimos y seguimos su trayectoria, rogamos por su alma y abogamos para que los suyo tengan la tranquilidad necesaria para soportar su desaparición física. Se destacó como comunicador, pero sus aportes llegaron mucho mas allá. Cuando las circunstancias requirieron de él para defender la soberanía, no vaciló y se integró a un comando de lucha en 1965.
En el momento en que los periodistas necesitaron su apoyo para disponer de una institución que los acogiera y defendiera, estuvo decidido a encabezar el movimiento y convertirse en el primer dirigente del órgano que agrupa a los comunicadores dominicanos. Siendo un militante político a tiempo completo, cuando su partido le pidió representarlo en el Congreso, hizo un receso en su labor periodística y se convirtió en senador por su natal Neyba.
Emilín hizo permanentes y serios compromisos con la verdad, la libertad y la sobenanía. Su humildad la conocimos los que por una u otra razón compartimos con él y estuvimos en algún momento a su lado. Emilio Herasme Peña hacía suyo el pasaje bíblico de no enterar a su mano izquierda de lo que hiciera su derecha. Por eso dejo constancia del gran favor que me hizo al convencerme, casi obligarme a dejar Tamayo y venir a la capital a ejercer mi profesión.
Seguro que ni sus hijos, ni su esposa y creo que ni sus hermanos, incluyendo a don Silvio, conocen de todo cuanto hizo por mí y por muchos otros suroestanos, este hombre que hoy deja su pluma y se va a ocupar una morada al lado del creador. Paz al alma de Emilio Herasme Peña.
