En la medida en que el petróleo siga siendo caro y tenga un umbral de no muchas décadas para su explotación, el carbón mineral representará, junto al gas natural, dos fuentes primordiales para la generación eléctrica.
Otras alternativas, ya en explotación, son la energía de los vientos o eólica, la solar, la del agua en movimiento, la nuclear y la que proviene de la transformación de materias primas en la agricultura o la minería.
El país está a punto de dar un paso decisivo hacia adelante, en la búsqueda de energía barata para el pueblo, con la instalación de dos plantas a carbón mineral que producirían unos 600 megas, en Punta Catalina, Baní.
Para Baní, esta infraestructura representa una vitalísima fuente de empleos y de potenciación de su economía que no debe ser desaprovechada, máxime si existen garantías de que habrá un estricto respeto a las normas internacionales que minimizan los efectos que esas plantas pudieran tener en el medio ambiente.
Es impensable que en un proyecto de tal envergadura, el Gobierno, el país, las firmas constructoras u operadoras de las plantas ignoren las normas internacionales de protección ambiental, ya que esto conlleva sanciones y fuertes consecuencias.
Hay gente exagerando más de la cuenta ese riesgo y formulándose las más pesarosas expectativas, con tal de torpedear su instalación en Baní.
Por suerte, los banilejos no son muy dados a dejarse embaucar por otros que vienen de fuera, con guitarras, vigilias y falacias, en nombre de un cuestionable amor al medio ambiente, a malograrle sus expectativas de riqueza, empleo y bienestar.
Ya ha habido otras experiencias en que Baní concita apoyo y solidaridad de su propia gente para defender sus recursos naturales. Es un pueblo que sabe unificarse y hacer valer sus aspiraciones de progreso. Ahora no puede ser diferente.
Las plantas a carbón ñdadas ya las garantías necesarias de control por parte de las autoridadesñ representarán un extraordinario impulso a los planes de desarrollo de Baní, que irradiarán a otras provincias vecinas, sin ninguna duda.
Otras alternativas, ya en explotación, son la energía de los vientos o eólica, la solar, la del agua en movimiento, la nuclear y la que proviene de la transformación de materias primas en la agricultura o la minería.
El país está a punto de dar un paso decisivo hacia adelante, en la búsqueda de energía barata para el pueblo, con la instalación de dos plantas a carbón mineral que producirían unos 600 megas, en Punta Catalina, Baní.
Para Baní, esta infraestructura representa una vitalísima fuente de empleos y de potenciación de su economía que no debe ser desaprovechada, máxime si existen garantías de que habrá un estricto respeto a las normas internacionales que minimizan los efectos que esas plantas pudieran tener en el medio ambiente.
Es impensable que en un proyecto de tal envergadura, el Gobierno, el país, las firmas constructoras u operadoras de las plantas ignoren las normas internacionales de protección ambiental, ya que esto conlleva sanciones y fuertes consecuencias.
Hay gente exagerando más de la cuenta ese riesgo y formulándose las más pesarosas expectativas, con tal de torpedear su instalación en Baní.
Por suerte, los banilejos no son muy dados a dejarse embaucar por otros que vienen de fuera, con guitarras, vigilias y falacias, en nombre de un cuestionable amor al medio ambiente, a malograrle sus expectativas de riqueza, empleo y bienestar.
Ya ha habido otras experiencias en que Baní concita apoyo y solidaridad de su propia gente para defender sus recursos naturales. Es un pueblo que sabe unificarse y hacer valer sus aspiraciones de progreso. Ahora no puede ser diferente.
Las plantas a carbón ñdadas ya las garantías necesarias de control por parte de las autoridadesñ representarán un extraordinario impulso a los planes de desarrollo de Baní, que irradiarán a otras provincias vecinas, sin ninguna duda.