POR STEWART NIN
Artículo enviado a ECOS DEL SUR
El histórico Hospital Regional Universitario de Barahona fue bautizado en el 1949 con el nombre de Jaime Mota. Contrario a como creen muchas personas, Jaime Mota no fue un prominente médico, sino un reputado comerciante del área agrícola. Se destacó como productor y exportador de café, madera, miel de abejas y otros productos del agro.
Por los aportes al desarrollo de la comunidad, Jaime Mota, a pesar de no haber nacido aquí, se ganó el aprecio y cariño del pueblo de Barahona. Hoy, el hospital que lleva su nombre y que fue construido con el objetivo de brindarle asistencia médica gratuita a miles de personas de todas las edades que lo visitan día tras día, procedentes de toda la región, incluyendo a cientos de ciudadanos haitianos que viven en la provincia, se encuentra atravesando por los mayores momentos de crisis y de desabastecimiento de su historia.
A pesar de que esta institución hospitalaria ha sido remodelada en varias oportunidades con el objetivo de brindar mejores servicios de salud a la población, no se ha logrado este propósito.
Hoy el hospital Jaime Mota se encuentra atravesando por una situación de abandono. Esto se manifiesta en la falta de medicinas, en el atraso del pago de salarios al personal contratado (médicos, enfermeras, promotores, administrativos), así como también las malas condiciones en que se encuentran los vehículos de la institución: todos destartalados. No hay ambulancias para trasladar a los enfermos a hospitales de Santo Domingo.
La situación es peor en el sistema que tiene que ver con la seguridad social. Aquí no hay nada para los pacientes. Y si a esto le sumamos la falta de pagos de los locales donde funcionan las unidades de atención primaria (UNAP) y el cierre de algunas de estas en toda la provincia, demuestra hasta dónde se ha profundizado la situación de crisis por la que atraviesa la salud pública en esta provincia.
A las anteriores situaciones se unen los casos de innumerables personas que deben esperar hasta tres meses para realizarse un procedimiento quirúrgico. Los pacientes que requieren la realización de estudios más avanzados (tomografía, por ejemplo) deben viajar por sus propios medios hasta la ciudad de Azua, muchas veces en condiciones de salud grave; algunos sin poder caminar (pacientes que han sufrido infartos cerebrales y otras dolencias). Con frecuencia, los pacientes emiten quejas por los equipos dañado o en mal estado. Esto los obliga a disponer de sus escasos recursos económicos para realizase una sonografía en una clínica privada o, de lo contrario, esperar que su estado de salud se deteriore aún más.
La alimentación para pacientes y personal no puede ser peor. La mala calidad de la comida es razón para que en ciertas ocasiones médicos, enfermeras y también pacientes se nieguen a ingerirla.
Además, la falta de una seguridad eficiente en el hospital es otro dolor de cabeza para el personal y los pacientes. Los pleitos que se generan en el área de emergencia cuando ingresan heridos por riñas ponen en peligro la vida del personal y de los mismos pacientes. La inseguridad en el centro ha llegado a un nivel tal que recientemente ocurrió la quema de un cadáver por personas ajenas al hospital.
A esta lista de deficiencias, hay que añadir que el hospital Regional Universitario Jaime Mota contribuye de manera directa a la contaminación ambiental de sus áreas circundantes. Una cloaca ubicada en los entornos del hospital vierte continuamente aguas residuales de olor nauseabundo. De fuente creada para promover la salud de los habitantes de la Región, el Jaime Mota se ha convertido en centro de desasosiego en las personas que habitan o transitan por esta zona.
Ante esta situación de descalabro y abandono por la cual atraviesa el hospital Jaime Mota, las autoridades del sector salud permanecen en sielncio. De igual modo, no se ha producido una respuesta convincente al pueblo de Barahona sobre la supuesta deuda de más de treinta millones de pesos de la Regional de Salud a sus suplidores. Estos hechos ameritan una auditoría por parte de las autoridades responsables, a los fines de determinar dónde han ido a parar estos recursos.
