III. Las relaciones domínico-haitianas: complejas, mal llevadas, empeoradas por Trujillo, y sin embargo, necesarias.
1. Orígenes de las mal llevadas relaciones
Las relaciones entre los dos países han sido complejas desde los inicios de la penetración francesa al territorio que hoy ocupa Haití. España y Francia eran dos potencias enemigas que competían por territorios, y era, pues, natural que esa enemistad se transfiriera a los habitantes de sus respectivas colonias.
En 1801, Toussaint L´Ouverture, líder para entonces de la revuelta antiesclavista, invade nuestro territorio para ejecutar a nombre de Francia el Tratado de Basilea de 1795. Su entrada no tuvo grandes inconvenientes, pues para España éramos una colonia francesa.
Como resultado de la intervención de Toussaint, se produjo la abolición de la esclavitud, la reforma de la administración pública, la expropiación de los bienes de la Iglesia Católica, una reforma agraria que distribuyó tierras ente los antiguos esclavos, y otros.
Tres años después, el 1 de enero de 1804, los ex esclavos se declararon independientes de Francia. Al año siguiente, al mando de Jean Jacques Dessalines invadieron nuestro territorio por el Norte y por el Sur para derrotar a las tropas francesas que desde hacía tres años habían ocupado nuestra hoy República Dominicana amparados en el Tratado de Basilea, y que habían echado atrás las disposiciones de Toussaint, destacándose el restablecimiento de la esclavitud.
Las fuerzas francesas, con el apoyo de colonos y mulatos, hicieron retroceder a los haitianos.
En su retirada por el Cibao, Jean Jacques Dessalines mandó a quemar varias comunidades, incluyendo iglesias, y a ejecutar a sus habitantes como represalia por el apoyo que se le había brindado a los franceses. Fueron eliminadas miles de personas, según relatos de la época, incluyendo mujeres y niños, y cientos llevadas a Haití como rehenes.
Esos hechos horrendos e inolvidables dieron origen a un sentimiento anti haitiano que ha perdurado al día de hoy, y que se expresa de múltiples y variadas formas.
Existiendo en la memoria dominicana el recuerdo de las masacres referidas, Trujillo se remonta a 1805 y hace lo mismo en 1937, ordenando una matanza contra los haitianos residentes en el país, principalmente en la zona rural para no afectar a los ingenios azucareros propiedad de los norteamericanos. Esa matanza de hombres, mujeres y niños se realizó entre finales de septiembre y principio de octubre de 1937, y dejó un saldo fatal de unos 18 mil muertos según Moya Pons, o más, o menos, según otras fuentes.
Por ambos crímenes de lesa humanidad, muchos dominicanos ven a los haitianos de hoy como a los mismos que en aquella época cometieron dichos crímenes; y del mismo modo, muchos haitianos nos ven hoy como si fuéramos el mismo Trujillo.
De un lado y del otro, hay una gran injusticia. Si bien es cierto que de una u otra forma somos afectados por el comportamiento que hayan tenido nuestros antepasados, no menos cierto es que no tenemos derecho a hacer que las generaciones presentes paguen por los malos hechos de sus ancestros. Para los que creen en Cristo (dije creen, no que simulan, que es otra cosa), Dios juzgará a los vivos y a los muertos por sus hechos, y lo hará individualmente. O sea, que el padre malo no podrá manchar la hoja de su hijo bueno, ni al revés.
2. A pesar de todo, las históricamente mal llevadas relaciones ha producido beneficios mutuos.
Históricamente, ambas partes nos hemos necesitado mutuamente. Desde los tiempos en que éramos dos colonias, ellos de Francia, y nosotros de España, el intercambio comercial ha sido fluido, aun en la clandestinidad.
El hoy Haití necesitaba nuestras reces, pieles, y alimentos para suplir las necesidades de una población de negros esclavos, mulatos libres y hombres blancos que habitaban un territorio pequeño con relación a nosotros, cultivado mayormente de rublos para la exportación, como caña en la parte baja, y de café, cacao, jengibre, y otros en la zona montañosa.
En estos momentos Haití es nuestro segundo mercado de exportación, después de Estados Unidos. En el 2012 exportamos legalmente algo más de mil millones de dólares, que fueran más si se les sumaran las exportadas fuera de registro.
Es justo admitir que muchos de esos rublos exportados son de difícil mercado fuera de Haití, sea por regulaciones técnicas, sanitarias, de calidad, precio, u otros. En el mismo orden, a Haití le resulta más caro adquirir dichos productos fuera del mercado dominicano, pues una ruta terrestre de menos de 400 kilómetros de Santo Domingo a Puerto Príncipe es una ventaja competitiva para la República Dominica con relación a cualquier otro país.
En cuanto al recurso humano haitiano, nosotros somos para Haití un importante destino para su numerosa población desocupada. Y ellos son para nosotros el 90% de la mano de obra en la agricultura no tecnificada; el 84 % de las construcciones privadas; y el 73% de las construcciones públicas, o sea, del Estado. Así mismo, el 10% de la población haitiana en el país trabaja en el sector turismo, y creciendo, pues se cuentan con los dedos de las manos los dominicanos que hablan más de un idioma, mientras que son muchísimos los haitianos que hablan español, inglés y francés.
