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lunes, 10 de febrero de 2014

DESDE LAS GRADAS DEL SUR: Una verdadera injusticia

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POR FREDY PEREZ ESPINOSA
Para ECOS DEL SUR.

Algunos extranjeros que visitan la RD se sorprenden al ver que un alto porcentaje de las casas posee protectores metálicos, dando la desagradable impresión de que en vez de parecer viviendas tienen semejanza, en su aspecto externo, a una cárcel.  Barrotes por doquier, verja y portones de gran altura,  cámaras de seguridad (en muchos casos), guardianes privados, en fin, algo similar a un estado de guerra.

Para el dominicano todo esto es normal, pero para muchos de los que nos visitan de otras culturas no es así.  Nosotros sabemos, lo mismo que en otros países del área,  que la razón de ser de estas inversiones en la seguridad de las casas y de las personas que las habitan, tiene un vínculo muy estrecho con los niveles de violencia  e inseguridad que prevalecen en la República Dominicana.

A modo de chiste, comediantes dominicanos, con mucha razón,  han representado la situación de temor en que vivimos,  describiendo esta realidad de la manera siguiente: “La RD es un país muy especial, ya que las personas honestas y de trabajo se encuentran prisioneras en sus casas, detrás de los protectores metálicos, mientras los delincuentes están sueltos en las calles.”  Esa es la pura y contundente verdad. 

Hablando de delincuencia, violencia e inseguridad ciudadana, la pasada semana un tribunal colegiado del Distrito Nacional descargó a varios hombres  implicados en el atentado perpetrado en contra de la Ingeniera Francina Hungría, la cual recibió un disparo que le provocó la pérdida de la visión de manera permanente.  En la misma sentencia fue condenado a la pena de 30 años José Manuel Vidal Félix, quien  realizó el disparo que le quitó la vista, y yo digo la vida, a esta ejemplar profesional.

Visto todo esto, no hay dudas, que estamos asistiendo a la más degradante y perversa administración de justicia que se recuerde en la RD.  Ya no se guardan ni siquiera las apariencias, sino que se evacuan sentencias, a todas luces, incoherentes, caprichosas, interesadas y mal fundamentadas.  Se alega, en casos como estos, que el ministerio público no documenta suficientemente las evidencias para que a los imputados se les aplique las penas correspondientes.

En el caso de referencia, no se puede sostener la tesis de que el ministerio público no documentó bien el expediente, ya que las cámaras de seguridad muestran que los delincuentes, cinco en total, tuvieron una participación directa en la agresión  física de que fue objeto la citada ingeniera. Es más, uno de ellos se le ve en el video arrastrando  a Hungría, luego de sacarla de su vehículo.

La Juez Presidenta del Segundo Tribunal Colegiado del Distrito Nacional, emitió un voto disidente respecto del descargo de los imputados Melvin Pérez y José Manuel Arias Mejía, pues, consideró que están implicados directamente en el hecho. Esta es una muestra inequívoca de que no se ha aplicado correctamente justicia en este caso, sino que se ha cometido una injusticia y la condenada para toda la vida es la Ingeniera Francina Hungría. ¡Insólito!

Entonces, es correcto el chiste de los comediantes dominicanos: ¡Los delincuentes para las calles y las personas honestas y trabajadoras  a guardar prisión en sus casas!

Entiendo, que las máximas autoridades del poder judicial están en el deber de ponerle coto a este desorden que se está imponiendo en la judicatura nacional, donde las sentencias en las que se pone en libertad a reconocidos y reincidentes delincuentes son el pan nuestro de cada día.

Ante este relajo que tienen algunos jueces de poner en libertad a los delincuentes, no importa los aberrantes hechos cometidos, se cae de la mata una revisión de la política criminal del Estado, lo mismo que una modificación profunda del Código Procesal Penal.

La Ingeniera Francina Hungría está destruida, y no es para menos, ya que no sólo ha perdido su visión y su futuro como profesional, sino que ve como su  País, la República Dominicana, se ha convertido en un estercolero, donde algunos de los llamados a administrar una buena justicia, son los principales verdugos de las personas serias y trabajadoras y los primeros promotores de la libertad de los delincuentes.

¿Contradictorio, verdad?

El autor es Licenciado en Educación de la UASD
Para contactos:elegidoprimero@hotmail.com