BUSCAR EN NUESTRA PAGINA

Header Ads

lunes, 10 de febrero de 2014

OPINION: Amigo Alejandro: El entretenimiento es el Medio y la alienación es el Fin

0 comments
POR RUBEN DOMINICI  
Para ECOS DEL SUR

El sábado día 8 leí en este medio un artículo de Alejandro Santana donde se queja de la poca objetividad de los comunicadores locales en sus trabajos periodísticos. Se queja mi amigo de muchos años de que se publican noticias mayormente sobre temas ya cotidianos como muertes, robos, elecciones, huelgas, pero no destacan otros problemas del día a día generados por la irresponsabilidad de los funcionarios públicos, como “un simple charco de aguas negras, frente a una escuela donde hay una matrícula de 60 infantes”.

Muchos comunicadores sociales en sentido general, sin saberlo me atrevo a decir, son parte ya de un conjunto complejo de medios de comunicación que tienen una función bien definida por aparatos de control social de  los grandes centros hegemónicos.

Así, no siempre lo que se publica es realmente lo que le interesa al comunicador, sino lo que al medio le interesa publicar, e incluso, se puede llegar al caso de que el interés del medio de comunicación y del propio comunicador tengan que ceder ante el interés del público lector u oyente. 

Y es que los intereses del público son manipulables, y de hecho, están manipulados. Lo que somos  como público, como conglomerado social,  está fuertemente influenciado por los centros hegemónicos del gran capital a través de diferentes medios y mecanismos, como organizaciones internacionales, regionales y locales; tratados, convenios, acuerdos de cooperación, y otros.
En el siglo pasado se estudió a profundidad en los Estados Unidos la influencia que ejercen determinadas personas sobre los demás (liderazgo). Más tarde, en los años 90, un psicólogo también norteamericano descubrió lo que llamó indefensión aprendida o desesperanza aprendida, ambas utilizadas eficazmente para influenciar a su favor el comportamiento de los pueblos.

Imponen al mundo (principalmente al occidental) los estilos de vida, las modas, los ritmos musicales, las ideas políticas y sociales, los gustos y estilos cinematográficos, y un furgón de cosas más. Vemos, pues, con los ojos de los norteamericanos. Y millones y millones de personas en el mundo no ven otra salida a su situación de precariedades de todo tipo que no sea irse a los Estados Unidos.

Ya no pensamos que los cambios estructurales son la solución, que los recursos de los pueblos bien administrados y estratégicamente orientados a mediano plazo pueden reducir significativamente la pobreza y producir bienestar general.  Que urge un cambio de rumbo, porque el perro huevero ni quemándole el hocico deja sus mañas.

Los descubrimientos de la Psicología Social (liderazgo) y de la Psicología Clínica (desesperanza aprendida) han sido empleados para manipular el sentir y el comportamiento de la gran mayoría de la población mundial para que llegue a creer que todo está perdido, que ya nadie es serio, que todos están vendidos o por venderse, y que los partidos de gentes serias nunca gobernarán precisamente por eso, por ser serios.

En esa línea, en toda América Latina facilitaron la proliferación de las drogas y su consumo por los jóvenes. Apoyaron el ascenso al poder de los sectores más conservadores y corruptos aunque se cobijaran en  discursos progresistas; facilitaron el surgimiento de nuevos grupos económicos para que les sirvieran de aliados; y otras tantas medidas más.

Destruyeron el aparato productivo de los pueblos por medio del llamado neoliberalismo, que establece que el Estado debe ser un simple mediador entre los diferentes agentes económicos y sociales del país. O sea, que debe ser un simple réferi en la lucha entre el peso completo Kid  Burguesía y el peso mosca Blandengue Pueblo.

Así, desmantelaron y vendieron a precio de vaca muerta las numerosas empresas estatales que ya languidecían por la corrupción, abandonaron casi todos los proyectos agrarios del IAD, al Ministerio de Agricultura le aumentaron la nómina pero la hicieron invisibles para los productores agropecuarios, el Banco Agrícola dejó de prestarle a la mayoría de los agricultores, dejaron de darle mantenimiento a los caminos vecinales, y otras medidas similares. Y en fin, a todo el sector productivo le impusieron la consigna aquella de “sálvese quien pueda”,  que ahora estamos globalizados.

Y para que el pueblo no tuviera quien lo defendiera, y para que no se diera cuenta del fraude, y se resignara a su destino de vivir en la pobreza y sin futuro, emplearon una considerable cantidad de personas en cada barrio y en cada campo, principalmente a los más “vivos”, y repartieron tarjetas por aquí y tarjetas por allá. Claro está, que las tarjetas cambian de color según quien gane las elecciones.

A todo lo anterior se le sumó una campaña sistemática y permanente de distracción, de fiestas por aquí y fiestas por allá, de programas de contenido evasivo y alienante en todos los medios, de telenovelas pornográficas desde que el sol nace hasta que amenaza con volver a nacer, y así por el estilo. Y como si no fuera suficiente, facilitaron que la juventud se sumergiera en las drogas. 

Se empujó de esta forma a toda la sociedad, principalmente a los más pobres  y a los de medianos ingresos, a vivir una vida de de ilusión, una vida “de película”, y a rechazar todo contenido que perturbara su ilusión, su “estar en las nubes”. Así, amigo mío, que aunque no se dice, todo está  fríamente calculado: el entretenimiento es el Medio, y la alienación es el Fin.

Y como no es posible abstraer en lo absoluto a la población de la realidad social que vive, entonces la bombardean a cada segundo con noticias manipuladas, de modo que la población conozca el qué, pero nunca el por qué. Para que no cuestione, para que no se haga crítica, sino pasiva y conformista.

Y lo grave de todo es que ya estamos acostumbrados a este circo, a esta farsa, a esta miseria.          El comunicador que se sale del carril, se pierde, o lo pierden. Así de simple. Recordemos al circo romano. Allí iba el pueblo a gozar con la muerte de los esclavos gladiadores, aquí, tan pronto llegamos a la casa buscamos las noticias de los muertos, de los presos por drogas, de las protestas contra los funcionarios que no cumplen sus funciones, y otras afines. Y cuando no hay de estas desgracias, y para colmo si tampoco hay juego de pelota, entonces nos sentimos vacíos, desorientados, sin saber qué hacer, y hasta sueño nos da.

Por suerte, no todo está perdido. Veremos tiempos mejores, nunca perdamos la esperanza.