BUSCAR EN NUESTRA PAGINA

Header Ads

viernes, 28 de febrero de 2014

OPINION: El retrato de Fujimori

0 comments
POR RAFAEL PERALTA ROMERO
Para ECOS DEL SUR

En imagen  de cuerpo entero  un  hombre de fisonomía  asiática aparece en la primera página del  diario. Antes de ver titular o pie de foto, el lector hace –quizá con ternura y compasión- un comentario: “¿Qué le pasa a este pobre chinito?” En verdad, el individuo lucía muy flaco y deteriorado. Comparecía ante un tribunal.

El lector se llenó de asombro al enterarse  de que el chinito al que miraba con piedad era el otrora  poderoso  Alberto Fujimori, quien gobernó el Perú  como le dio la gana durante  diez años y 116 días. Vulneró todo y se burló de todos.  Su gobierno se cimentó sobre la  corrupción y el crimen político.

Está preso por  violaciones a los derechos humanos. Pero eso no fue todo. Elegido presidente en 1990,   ya en 1992   su  delirio  de grandeza era considerable.  Para gobernar sin fiscalización, disolvió el Congreso  de la República, intervino el Poder Judicial, cerró medios de comunicación y hasta  canceló a su esposa, Susana Higuchi,  como primera dama.

La última burla de Fujimori a los peruanos  ocurrió  en  noviembre de   2000 cuando viajó  al exterior en calidad de jefe de Estado y sin agotar sus compromisos se trasladó a Tokio. Desde allí, por  temor  a un juicio por  corrupción, Fujimori  renunció, vía fax,  a la presidencia  y  se declaró ciudadano japonés.

Esta situación de Fujimori lo coloca todavía en situación privilegiada. Hay un final más apto para los sujetos que usurpan el poder,  irrespetan la vida, vulneran códigos, menosprecian la ética y  quebrantan las instituciones. Dos de los Somoza, en Nicaragua, y Rafael Trujillo, en República Dominicana, son  casos ilustrativos.

La foto de Fujimori me ha traído a la memoria una célebre  ocurrencia de Leonardo Da Vinci y uno de sus modelos de la “Última Cena”. Cuentan que el pintor  se llevó siete años para realizar esa obra (1495-1497). Comenzó por Jesús para lo cual tomó como modelo a un joven de rostro iluminado, de mirada serena y dulce.

Da Vinci dejó a Judas  para el final. Buscaba un tipo cuyo rostro estuviera cicatrizado  de avaricia, decepción, traición, hipocresía y crimen. Después de muchos fallidos intentos en la búsqueda de este modelo,  le informaron que en la cárcel  de Roma había  un hombre con tales características.  Y allí acudió.

 Estaba sentenciado a muerte por robo y asesinatos. Leonardo  lo encontró ideal para  personificar a Judas. El artista parecía no conocerlo, pero sí lo había visto. El sujeto le dijo: “¡Yo soy aquel joven  a quien escogiste para representar a Cristo hace siete años!" El rosto de Fujimori no es el mismo  de cuando andaba ebrio de  grandeza. ¡Ojo!