POR RUBEN DOMINICI
Para ECOS DEL SUR
Cuando al final de la campaña interna del PLD para elegir al candidato a las elecciones presidenciales del 2012, el entonces Presidente Dr. Leonel Fernández dijo al país en una alocución pública que no se iba reelegir, lo que calmó los ánimos de los precandidatos de su partido y de muchas personas que no encontraban en la nueva Constitución del 2010 ningún subterfugio legal al que pudiera echarle mano para seguir al mando del país.
Dijo el Dr. Fernández en su discurso que tomaba la decisión de no participar en la convención de su partido para tales fines por propia voluntad, pero que nada le impedía presentarse a las elecciones venideras, pues en la nueva Constitución habían mecanismos y procedimientos que él podía utilizar para presentarse como candidato nuevamente y ganar las elecciones sin mayores dificultades.
Se comparó con Aníbal Barca, el general cartaginés que en el año 218 antes de Cristo mantuvo sitiada por cierto tiempo a Roma, la capital del Imperio Romano, sin que se decidiera a tomarla. El ya había vencido a las principales tropas romanas que podían dificultarle esa trascendental acción, por lo que se han hecho variadas conjeturas sobre este hecho. Sépase que Roma y Cartago eran las dos potencias militares más importante de la época.
Cuando yo escuché al Presidente de la República comparar su decisión con la que tomó Aníbal de no entrar a Roma, se me pusieron los pelos de punto, sentí algo así como un viento frío que de súbito me envolvía y me paralizaba. Algo aturdido aún por el hecho, quise atraer a mi compañera a una discusión sobre la peligrosidad de lo que acababa de ver y oír, pero ella apenas me miraba, algo sorprendida, ya que no entendía el por qué de mi sorpresa si yo no tenía velas en ese entierro.
Llegaron las elecciones, hubo un nuevo presidente aunque del mismo partido, un estilo diferente de hacer política en igual realidad socioeconómica y política que la de la anterior gestión, y la misma concepción gerencial de centrarlo todo en la figura del Presidente, algo parecido a lo que vemos en el en El Otoño del Patriarca, de García Márquez: “El poder es como esta bolita, que el que la tiene la tiene, y el que no la tiene no la tiene, pero el que la tiene, la tiene”.
Así las cosas, hace unos días el Dr. Leonel Fernández escribió un articulo en el Listín Diario donde deja como moraleja que el poder y el liderazgo de una persona están determinados por su capacidad para otorgar puestos y regalar dinero; y por tanto, que estos serán tan prolongados o tan efímeros como lo sea dicha capacidad.
A la anterior aseveración se le puede poner F ó V, y ambas respuestas pueden ser correctas. Como respondió Pepito ante una pregunta de la profesora: “Eso depende, Maestra”. Y es que revisando los diferentes enfoques y definiciones sobre líder y liderazgo, y haciendo una somera lectura de grandes acontecimientos históricos, encontramos que ha habido líderes extraordinarios que nunca dieron un chele ni otorgaron puestos por conveniencia personales.
Gandhi fue gran líder para los hindúes, y todos sabemos que construyó su poder y su liderazgo proclamando y practicando la resistencia pacífica contra la dominación Inglesa. Mandela fuer una gloria en su país, pasando 27 años preso, y luego haciendo una gestión basada en la reconciliación de negros y blancos, y en la humildad como bandera.
Lula fue presidente de Brasil en dos ocasiones, y tiene aún popularidad para volver a serlo, y todo el mundo sabe que les fue mal a los funcionarios involucrados y procesados por actos punibles. Lo mismo que Mujica en Uruguay, que cuando fue electo como Presidente no tenía cuenta bancaria ni tarjeta de crédito. Además su esposa fue la candidata a senadora más votada, y los activos más importantes que ambos tenían eran que estuvieron 13 años presos por defender con su pellejo a los más necesitados de su país.
El Che fue un gran líder en plena guerrilla cubana y luego en el poder, y es sabido que era capaz de fusilar a cualquiera que malversara hasta una pica pica. Y se cree que él era el funcionario más exigente y austero.
Ya aquí en lo nuestro, todos alabamos y glorificamos a Duarte. Y una de sus grandes virtudes fue la honestidad. Lo mismo que Bosch, que fue austero y enemigo del uso de los recursos públicos hasta la médula. El primero es la principal figura histórica de los dominicanos, y el segundo fue un gran líder que a la fecha es ampliamente querido y aclamado.
Que me diga públicamente, pues, el más sabio de los sabios si cabe dentro de la honestidad de estas dos grandes figura otorgar puestos por conveniencia y repartir dinero para ganar voluntades.
Para mí, la conclusión es muy simple: En la actualidad, el principal problema del país es el estilo de liderazgo que predomina, y la concepción patrimonial del Estado en que se sostiene.
Y como el mundo no se va a acabar mañana, estamos a tiempo de construir uno nuevo, al estilo de Gandhi, de Mandela, de Lula, de Mujica, de El Che, de Duarte, de Bosch, y de otros tantos anónimos que pululan por cualquier lugar del país. De esos que no que salen en los periódicos ni en la televisión regalando enseres, alimentos, dinero y otros bienes que deberían otorgarse de manera anónima como lo haría un verdadero cristiano, y no mostrándose sonrientes ante la oportunidad que le da miseria para promoverse.
A propósito de comparaciones históricas, Aníbal sitió a Roma, y no la tomó porque no quiso. Luego Roma lo persiguió sin descanso, hasta que él se suicidio porque ya estaba perdido. El Dr. Leonel Fernández pudo haberse reelegido, y no lo hizo. ¿Lo perseguirá esa decisión…? ¡Claro que no!
El Dr. Fernández se refirió a Aníbal parte I, el Aníbal glorioso que perdonó a Roma. El Aníbal parte II, el que luego fue perseguido por la Roma perdonada hasta arrinconarlo y hacerlo suicidar, lógicamente no tuvo la dicha de atravesar el Mar Atlántico y llegar a una media isla del Caribe donde aún se amarran los perros con longaniza.


