POR JOSE ANTONIO MATOS.
Para ECOS DEL SUR
La sentencia de un tribunal nacional sobre el caso del atraco y casi ocasión de la muerte de una joven y útil profesional de nuestro país, evento en el que ella pierde la vista de manera total, debe ser de profunda observación por parte de l sociedad Dominicana, en su conjunto, y de las autoridades que por razones obvias, tienen la responsabilidad de tomar previsiones ante un estilo del mal que podría ser mas grave de lo que a simple vista se ve.
El hecho de que un tribunal, dirigido por mujer, tome la iniciativa de asumir una responsabilidad de discriminar en la repartición de justicia, condenando uno y liberando otros, en un hecho que a simple vista de la ciudadanía, no permite la liberación de cargos, ya que denota al menos alta conspiración criminal, aunque en principio no haya sido ella la presa a tomar.
Distinto puntos de vista se han contemplado en la opinión pública, de juristas de todo calibre, siendo mayoritariamente el criterio de que fue aventurada la decisión tomada y errada por demás.
Ante el escepticismo que nos provoca la libertad de parte de los acusados, no tan solo por lo flagrante del crimen, sino que tan sonado y repugnante ante el público y quien escribe, se nos enciende la bombillita de la imaginación, sobre todo al oír a uno de los abogados de la víctima decir “que uno de los acusados solo hablo una vez en los juicios, ese abogado yo lo conozco, lo he visto en el barrio”.
Si descartamos la posibilidad de prebenda en la sentencia, lo cual descartamos de plano, nos preguntamos, ¿cuidado si de por medio hay amenazas graves?...
Para ECOS DEL SUR
La sentencia de un tribunal nacional sobre el caso del atraco y casi ocasión de la muerte de una joven y útil profesional de nuestro país, evento en el que ella pierde la vista de manera total, debe ser de profunda observación por parte de l sociedad Dominicana, en su conjunto, y de las autoridades que por razones obvias, tienen la responsabilidad de tomar previsiones ante un estilo del mal que podría ser mas grave de lo que a simple vista se ve.
El hecho de que un tribunal, dirigido por mujer, tome la iniciativa de asumir una responsabilidad de discriminar en la repartición de justicia, condenando uno y liberando otros, en un hecho que a simple vista de la ciudadanía, no permite la liberación de cargos, ya que denota al menos alta conspiración criminal, aunque en principio no haya sido ella la presa a tomar.
Distinto puntos de vista se han contemplado en la opinión pública, de juristas de todo calibre, siendo mayoritariamente el criterio de que fue aventurada la decisión tomada y errada por demás.
Ante el escepticismo que nos provoca la libertad de parte de los acusados, no tan solo por lo flagrante del crimen, sino que tan sonado y repugnante ante el público y quien escribe, se nos enciende la bombillita de la imaginación, sobre todo al oír a uno de los abogados de la víctima decir “que uno de los acusados solo hablo una vez en los juicios, ese abogado yo lo conozco, lo he visto en el barrio”.
Si descartamos la posibilidad de prebenda en la sentencia, lo cual descartamos de plano, nos preguntamos, ¿cuidado si de por medio hay amenazas graves?...
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