POR JOSE ANTONIO MATOS PEÑA.
Articulo enviado a ECOS DEL SUR
La batalla de Santiago, que tubo como preludio, la gran resistencia y masacre humana que constituyeron los encuentros resistencia, de la Cabeza de la Marías y el famoso Bautismo de Sangre, en la Fuente del Rodeo, y la gran y exitosa batalla del azua, el 19 de marzo 1844 en azua, además de los importantes encuentros y asaltos perpetrados por los patriotas dominicanos, en contra del invasor Haitiano, fue la segunda gran batalla escenificada después de la de independencia nacional de cuando nació nuestra nación, el 27 de febrero del 1844.
El 29 de marzo 1844, harán mañana sábado pasado 170 años, el general Pierrot dividió sus tropas, se acercó a la ciudad de Santiago de los Caballeros con 2000 hombres en cada columna, que debieran ser cuatro, por los referentes anteriores, atrincherándose, los Haitianos, antes del amanecer en Gurabito, luego de cruzar el río Yaque del Norte, atrincherándose el ala derecha y dirigirse al camino de la Herradura.
En esta batalla, del 30 de marzo 1844, dominicanos como José María Imbert, que comandaba una parte de las tropas del norte, al derrotar las del general Haitiano Jean-Louis Pierrot, superiores en número, jugaron un papel estelar.
De similar mérito podemos citar los aprestos hechos por ciudadanos como Ramón Matías Mella y Pedro de Mena, que facilitaron a éstos, diligencias en aportes, para que se compren armas, logrando donativos de personas pudientes de Santo Domingo y Santiago, en esta última ciudad se unieron a la causa, personajes como Ciprián Mallol, Juan Luis Bidó y Ramón Bidó, entre otros.
El 27 de Marzo, día como ayer, pero del año 1844, el general José María Imbert, comandante de operaciones en Santiago, fue llamado por “la junta de gobierno dominicano” para que organice el contraataque haitiano. Las tropas de Pierrot avanzaban, los refuerzos nuestros llegaban a santiago, desde Baní, al mando del coronel Ramón Santana, el general Francisco Antonio Salcedo avanzó hasta la Talanquera y Escalante, cerca de Guayubín (Monte Cristi), donde instaló el cuartel general, para contener el avance haitiano hacia Santiago, tomando Dajabón, el 23 de marzo del 1844.
José María Imbert atrincheró la ciudad, construyó fosos y tomó precauciones tácticas en la defensa de la ciudad, acompañado de los oficiales Pedro Eugenio Pelletier, Archille Michel, Ángel Reyes, Ramón Francisco Bidó, José Nicolás Gómez, Fernando Valerio López, José M. López, Lorenzo Mieses, Dionicio Mieses, Toribio Ramírez y Marcos trinidad López, entre otros.
Esta victoria dominicana, reflejada positivamente hasta nuestros días, debe ser émulo para el quehacer de todos los dominicanos, sobre todo en los que les toca llevar los destinos de la misma patria, y debe ser proyectada en decisiones tan fundamentales como la territoriedad, la preservación del suelo y sus recursos como debe ser en la declaratoria de “loma Miranda” , como parque nacional, en la decisión correcta de dar inicio a la construcción y feliz terminación del presas de “Monte Grande”, el impostergable restablecimiento de aguas hacia la Bahía de Neiba, de aguas del Yaque del Sur, Río San Juan y sus afluentes, para que el lago Enriquillo no crezca.
De igual manera, equivalente a una gran batalla de preservación de nuestro territorio y la justicia social que ordena el nacimiento mismo de la patria, el anuncio del presidente Danilo Medina, de la inauguración y entrega este 30 de marzo 2014, de la ciudad modelo, “nuevo Boca de Cachón”, que aunque no se puede tipificar como solución al gran atropello a que se ha sometido innecesariamente la región Enriquillo y el país con este crecimiento irresponsable del lago, es una respuesta a la comunidad dominicana, que necesita la importantización de la frontera con inversiones como éstas.
Articulo enviado a ECOS DEL SUR
La batalla de Santiago, que tubo como preludio, la gran resistencia y masacre humana que constituyeron los encuentros resistencia, de la Cabeza de la Marías y el famoso Bautismo de Sangre, en la Fuente del Rodeo, y la gran y exitosa batalla del azua, el 19 de marzo 1844 en azua, además de los importantes encuentros y asaltos perpetrados por los patriotas dominicanos, en contra del invasor Haitiano, fue la segunda gran batalla escenificada después de la de independencia nacional de cuando nació nuestra nación, el 27 de febrero del 1844.
El 29 de marzo 1844, harán mañana sábado pasado 170 años, el general Pierrot dividió sus tropas, se acercó a la ciudad de Santiago de los Caballeros con 2000 hombres en cada columna, que debieran ser cuatro, por los referentes anteriores, atrincherándose, los Haitianos, antes del amanecer en Gurabito, luego de cruzar el río Yaque del Norte, atrincherándose el ala derecha y dirigirse al camino de la Herradura.
En esta batalla, del 30 de marzo 1844, dominicanos como José María Imbert, que comandaba una parte de las tropas del norte, al derrotar las del general Haitiano Jean-Louis Pierrot, superiores en número, jugaron un papel estelar.
De similar mérito podemos citar los aprestos hechos por ciudadanos como Ramón Matías Mella y Pedro de Mena, que facilitaron a éstos, diligencias en aportes, para que se compren armas, logrando donativos de personas pudientes de Santo Domingo y Santiago, en esta última ciudad se unieron a la causa, personajes como Ciprián Mallol, Juan Luis Bidó y Ramón Bidó, entre otros.
El 27 de Marzo, día como ayer, pero del año 1844, el general José María Imbert, comandante de operaciones en Santiago, fue llamado por “la junta de gobierno dominicano” para que organice el contraataque haitiano. Las tropas de Pierrot avanzaban, los refuerzos nuestros llegaban a santiago, desde Baní, al mando del coronel Ramón Santana, el general Francisco Antonio Salcedo avanzó hasta la Talanquera y Escalante, cerca de Guayubín (Monte Cristi), donde instaló el cuartel general, para contener el avance haitiano hacia Santiago, tomando Dajabón, el 23 de marzo del 1844.
José María Imbert atrincheró la ciudad, construyó fosos y tomó precauciones tácticas en la defensa de la ciudad, acompañado de los oficiales Pedro Eugenio Pelletier, Archille Michel, Ángel Reyes, Ramón Francisco Bidó, José Nicolás Gómez, Fernando Valerio López, José M. López, Lorenzo Mieses, Dionicio Mieses, Toribio Ramírez y Marcos trinidad López, entre otros.
Esta victoria dominicana, reflejada positivamente hasta nuestros días, debe ser émulo para el quehacer de todos los dominicanos, sobre todo en los que les toca llevar los destinos de la misma patria, y debe ser proyectada en decisiones tan fundamentales como la territoriedad, la preservación del suelo y sus recursos como debe ser en la declaratoria de “loma Miranda” , como parque nacional, en la decisión correcta de dar inicio a la construcción y feliz terminación del presas de “Monte Grande”, el impostergable restablecimiento de aguas hacia la Bahía de Neiba, de aguas del Yaque del Sur, Río San Juan y sus afluentes, para que el lago Enriquillo no crezca.
De igual manera, equivalente a una gran batalla de preservación de nuestro territorio y la justicia social que ordena el nacimiento mismo de la patria, el anuncio del presidente Danilo Medina, de la inauguración y entrega este 30 de marzo 2014, de la ciudad modelo, “nuevo Boca de Cachón”, que aunque no se puede tipificar como solución al gran atropello a que se ha sometido innecesariamente la región Enriquillo y el país con este crecimiento irresponsable del lago, es una respuesta a la comunidad dominicana, que necesita la importantización de la frontera con inversiones como éstas.
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