POR SANTIAGO MATA
Nació en Barahona el 07 de febrero hace 90 años.
Cuando cumplió 41 ganó el primer premio de un concurso celebrado cuando aún humeaban los fusiles de la “Revolución del Sesenta y Cinco”.
De la guerra salió armado con su obra “24 de Abril”, considerada como la más importante del siglo XX de la República Dominicana.
Ha recorrido todos los mundos, y en cada uno de ellos ha recogido respeto suficiente como para ignorar el cansancio y vivir mil años de gloria.
Su vasta obra se remonta a tiempos anteriores al pasado común, un lugar en el tiempo de donde surgieron “Espantajo” y “Levántate Lázaro”.
El Maestro se ha convertido en un faro; ni asomo de sombras, es solo luz.
Todo es color en su mirada vieja.
Los años han ido haciendo estragos; y desde esa perspectiva del tiempo, el Viejo Maestro ha ido construyendo espacios y fabricando sueños, para colgarlos en su próxima retrospectiva del alma.
Ramón Oviedo, declarado en 1978 como el pintor más importante de su país por el universalmente prestigioso Almanaque Mundial,; que ha expuesto en las más prestigiosas galerías de arte de América y el mundo, que ha sido galardonado y reconocido en todas partes, menos en Santo Domingo Este de cuyo municipio se destaca como un modesto vecino.
Condecorado con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella, por el Gobierno dominicano, en 1997 y declarado por el Congreso Nacional, en ese mismo año, como "Maestro Ilustre de la Pintura de la República Dominicana ", el Maestro Ramón Oviedo constituye para un orgullo de nuestro municipio, de su nativa Barahona, un orgullo para el país y el mundo.
Y una vez plasmada su impronta, con huellas profundas, ahí está su legado, ahí está su obra, ahí está su nombre: convertido en símbolo que llena de orgullo a los que compartimos su fecunda existencia sobre la faz de la tierra.
Ramón Oviedo, el artista que dedicó su vida a la pintura; aquel revolucionario que mediante el uso de nuevos métodos y técnicas innovó la superficie de sus obras hasta imbuirlas de un alcance de dimensiones cuasi ritualistas.
Por donde quiera que cruce la luz y por donde deambule hasta la más minúscula sombra, por allí anda el Maestro atrapando siluetas.
Desde esta tribuna del municipio SDE levanto mi voz de admiración y respeto por la trayectoria de un hombre excepcional y clamo porque nuestras autoridades municipales vean el ejemplo de vida del autor como un tal para que no haya que repetir aquella sentencia cruel de que solo “reconocemos a nuestros grandes hombres cuando ya son nuestros grandes muertos”.
Ha recorrido todos los mundos, y en cada uno de ellos ha recogido respeto suficiente como para ignorar el cansancio y vivir mil años de gloria.
Su vasta obra se remonta a tiempos anteriores al pasado común, un lugar en el tiempo de donde surgieron “Espantajo” y “Levántate Lázaro”.
El Maestro se ha convertido en un faro; ni asomo de sombras, es solo luz.
Todo es color en su mirada vieja.
Los años han ido haciendo estragos; y desde esa perspectiva del tiempo, el Viejo Maestro ha ido construyendo espacios y fabricando sueños, para colgarlos en su próxima retrospectiva del alma.
Ramón Oviedo, declarado en 1978 como el pintor más importante de su país por el universalmente prestigioso Almanaque Mundial,; que ha expuesto en las más prestigiosas galerías de arte de América y el mundo, que ha sido galardonado y reconocido en todas partes, menos en Santo Domingo Este de cuyo municipio se destaca como un modesto vecino.
Condecorado con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella, por el Gobierno dominicano, en 1997 y declarado por el Congreso Nacional, en ese mismo año, como "Maestro Ilustre de la Pintura de la República Dominicana ", el Maestro Ramón Oviedo constituye para un orgullo de nuestro municipio, de su nativa Barahona, un orgullo para el país y el mundo.
Y una vez plasmada su impronta, con huellas profundas, ahí está su legado, ahí está su obra, ahí está su nombre: convertido en símbolo que llena de orgullo a los que compartimos su fecunda existencia sobre la faz de la tierra.
Ramón Oviedo, el artista que dedicó su vida a la pintura; aquel revolucionario que mediante el uso de nuevos métodos y técnicas innovó la superficie de sus obras hasta imbuirlas de un alcance de dimensiones cuasi ritualistas.
Por donde quiera que cruce la luz y por donde deambule hasta la más minúscula sombra, por allí anda el Maestro atrapando siluetas.
Desde esta tribuna del municipio SDE levanto mi voz de admiración y respeto por la trayectoria de un hombre excepcional y clamo porque nuestras autoridades municipales vean el ejemplo de vida del autor como un tal para que no haya que repetir aquella sentencia cruel de que solo “reconocemos a nuestros grandes hombres cuando ya son nuestros grandes muertos”.
