POR JOSE ANTONIO MATOS
Para ECOS DEL SUR
La problemática que vive la nación Dominicana con respecto a la emigración Haitiana ha sido torpedeada y usada por intereses de diferentes índoles tanto dentro como fuera del territorio.
La emigración es un fenómeno que tiene explicación fundamental en los motivos económicos, al igual que el fenómeno físico de la ósmosis, que consiste en el paso de líquido, de un gradiente de concentración menor a otro mayor. Las masas humanas tienden a pasar de la menor concentración de economía a la de mayor oportunidades, eso, en el mundo y de por vida y en el amplio sentido de la misma.
República dominicana y Haití (tierra alta), no son ni han sido la excepción y en Haití hacia fuera, sobre todo, al destino más expedito, desde que la gran colonia rica, en Caobas y demás, fue saqueada.
Nos hemos criado y desenvuelto de por vida, en la provincia Bahoruco, hemos visto y hemos practicado el uso de la mano de obra Haitiana en casi todos los órdenes, fenómeno que tampoco es extraño, porque conocemos de emigraciones Dominicanas a Puerto Rico, donde han recogido el café que no lo recogían aquí, por razones económicas y también, por qué no, venta del sueño Americano.
El agrietamiento de la economía Haitiana, producto de sus malos manejos, crisis de libertades y demás, entre los que está el terremoto del 12 de enero 2010, junto a una serie de entidades de bien social, entre comillas la mayoría, han acelerado la presencia y presión de esa masa humana que busca oportunidades y entre ellas, también las huestes delincuentes, que se entremezclan distorsionándolo todo.
La situación, agravada por la inefable, pero nuestra ya, sentencia 168-TC, agregó ingredientes innecesarios al problema, en ámbitos internacionales, diseminándose como onda expansiva en todos los rincones, lo ha hecho en la división de opiniones y conceptos entre los sectores más sanos de nuestro territorio y también en los reclamos desordenados y también dirigidos de los inmigrantes Haitianos.
Hay una multiplicidad de actitudes tomadas por los inmigrantes, entre ellas, las correcta, que es la búsqueda de oportunidad de vida, la de constituirse en grupo de presión, defensa y reclamo y de delinquir, cuando hacen en grupos conspirativos, todo tipo de crimen.
Entendemos que pueden haber ya, malas políticas trazadas hacia el accionar de ellos, lo cual lo explica entre otros eventos, la aparición de un grupo con camisetas con letreros alusivos a un refrán viejo que se dice ente ellos, los Haitianos, en el sentido de que tienen territorios aquí dentro, también lo explica la protesta delictiva escenificada en Boca de Cachón el pasado sábado, obra esta, en la que no hemos oído hablar en ningún momento de falta de apoyo económico, ni dificultad de pago, hasta ahora que se habla de 3 meses de atraso.
Un amigo de los ríos, llamado Domingo, quien acaba de cumplir 84 años, me cuenta ayer, hace un par de décadas tenía un nacional Haitiano encargado de sus propiedades y que en una ocasión en que lo llevaba en la cola de su motocicleta, le comentó lo siguiente “no creas que a nosotros se nos olvida que los Dominicanos nos mataron 13 mil Haitianos”. Domingo dejó de trabajar con él en lo inmediato.
Apolinar Méndez Pérez nos comentó ayer en el rezo de un amigo, que ha visto velorio de haitiano en la comunidad de los Ríos con más gentes de ellos que el de ayer domingo.
Sirvan estas reflexiones, no para que los persigamos o desconsideremos, sino que además de un trato humano, los regularicemos, con sentencia 168 y sin ella, tenemos leyes vigentes como nación para el trato con todo el extranjero que pise nuestro territorio. También para que así como el estado dominicano nos entorpece a nosotros en cada puesto ó fortaleza que transitamos, como la de Neiba, haga labor de inteligencia en las propiedades, donde tenemos miles y miles de productores agropecuarios a merced de que en cualquier momento, extranjeros irregulado e indocumentados los asalten y los maten, ha pasado y lo de Boca de Cachón de ahora puede ser una aceleración por inducción de esa actitud.
La emigración es un fenómeno que tiene explicación fundamental en los motivos económicos, al igual que el fenómeno físico de la ósmosis, que consiste en el paso de líquido, de un gradiente de concentración menor a otro mayor. Las masas humanas tienden a pasar de la menor concentración de economía a la de mayor oportunidades, eso, en el mundo y de por vida y en el amplio sentido de la misma.
República dominicana y Haití (tierra alta), no son ni han sido la excepción y en Haití hacia fuera, sobre todo, al destino más expedito, desde que la gran colonia rica, en Caobas y demás, fue saqueada.
Nos hemos criado y desenvuelto de por vida, en la provincia Bahoruco, hemos visto y hemos practicado el uso de la mano de obra Haitiana en casi todos los órdenes, fenómeno que tampoco es extraño, porque conocemos de emigraciones Dominicanas a Puerto Rico, donde han recogido el café que no lo recogían aquí, por razones económicas y también, por qué no, venta del sueño Americano.
El agrietamiento de la economía Haitiana, producto de sus malos manejos, crisis de libertades y demás, entre los que está el terremoto del 12 de enero 2010, junto a una serie de entidades de bien social, entre comillas la mayoría, han acelerado la presencia y presión de esa masa humana que busca oportunidades y entre ellas, también las huestes delincuentes, que se entremezclan distorsionándolo todo.
La situación, agravada por la inefable, pero nuestra ya, sentencia 168-TC, agregó ingredientes innecesarios al problema, en ámbitos internacionales, diseminándose como onda expansiva en todos los rincones, lo ha hecho en la división de opiniones y conceptos entre los sectores más sanos de nuestro territorio y también en los reclamos desordenados y también dirigidos de los inmigrantes Haitianos.
Hay una multiplicidad de actitudes tomadas por los inmigrantes, entre ellas, las correcta, que es la búsqueda de oportunidad de vida, la de constituirse en grupo de presión, defensa y reclamo y de delinquir, cuando hacen en grupos conspirativos, todo tipo de crimen.
Entendemos que pueden haber ya, malas políticas trazadas hacia el accionar de ellos, lo cual lo explica entre otros eventos, la aparición de un grupo con camisetas con letreros alusivos a un refrán viejo que se dice ente ellos, los Haitianos, en el sentido de que tienen territorios aquí dentro, también lo explica la protesta delictiva escenificada en Boca de Cachón el pasado sábado, obra esta, en la que no hemos oído hablar en ningún momento de falta de apoyo económico, ni dificultad de pago, hasta ahora que se habla de 3 meses de atraso.
Un amigo de los ríos, llamado Domingo, quien acaba de cumplir 84 años, me cuenta ayer, hace un par de décadas tenía un nacional Haitiano encargado de sus propiedades y que en una ocasión en que lo llevaba en la cola de su motocicleta, le comentó lo siguiente “no creas que a nosotros se nos olvida que los Dominicanos nos mataron 13 mil Haitianos”. Domingo dejó de trabajar con él en lo inmediato.
Apolinar Méndez Pérez nos comentó ayer en el rezo de un amigo, que ha visto velorio de haitiano en la comunidad de los Ríos con más gentes de ellos que el de ayer domingo.
Sirvan estas reflexiones, no para que los persigamos o desconsideremos, sino que además de un trato humano, los regularicemos, con sentencia 168 y sin ella, tenemos leyes vigentes como nación para el trato con todo el extranjero que pise nuestro territorio. También para que así como el estado dominicano nos entorpece a nosotros en cada puesto ó fortaleza que transitamos, como la de Neiba, haga labor de inteligencia en las propiedades, donde tenemos miles y miles de productores agropecuarios a merced de que en cualquier momento, extranjeros irregulado e indocumentados los asalten y los maten, ha pasado y lo de Boca de Cachón de ahora puede ser una aceleración por inducción de esa actitud.
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