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sábado, 8 de marzo de 2014

OPINION: Por la mujer

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POR JOSE ANTONIO MATOS PEÑA. 

En honor a la mujer y sobre todo, a favor de su respeto y preservación, gran parte del mundo ha identificado este día, como símbolo de su cuido e inserción en la sociedad en condiciones equitativas ó por lo menos, de integración progresiva. De hecho, la mujer hoy en día es literalmente la mitad de la población mundial y a decir de un sabio, “la madre de la otra mitad”.

La primera convocatoria se dio en el año 1911 en Alemania, Dinamarca, Austria y  Suiza, extendiéndose celebración en diferentes partes del mundo, llegando en el año 1977 en asamblea de la organización de las naciones unidas (ONU), proclamar este día el “día internacional de los derechos de la mujer y la paz internacional”, tan difícil  ha sido la segregación de las mujeres en sus derechos, que en nuestra nación, República Dominicana, la mujer empezó a tener derecho al voto en principio de los años cuarentas y a conveniencia del sátrapa Rafael Leonidas Trujillo Molina, el cual en ese sentido no ha sido la excepción, habidas cuentas de que en la actualidad, sus cuotas se aplican a modo y conveniencias de caudillos particulares y además, a modo de usarlas como señuelo.

Todavía en países del mundo, la mujer tiene que ser obligada hasta a esconder sus cabellos, como forma de desigualdad y culturas tan primitivas.

La mujer, germen de la vida nuestra, poseedoras de la capacidad de fomentar nuestra especie, visto el fenómenos diferente, solo en el Caballito de mar, el cual solo sirve de receptáculo y conservado de la cría, tiene un rol que deberá ser ampliado por la humanidad a toda su capacidad, guardando roles que le son inherentes como sexo, al igual que el hombre mismo, ya que así como es injusto quitarle atribuciones y derechos a la mujer, igualmente injusto es  aplicarle cargas inherentes al hombre.

Valga nuestras más sentidas y efusiva felicitaciones y solidaridad  a la mujer viva y memoria eterna para las que idas ya a la eternidad, tienen un espacio ganado por labor natural y por el rol que asumieron a lo largo o corto de sus vidas, entre ellas, a mi fenecida madre, doña Bertha Nélida Peña de Matos, de la cual nos sentimos altamente orgullosos así como de tantas más que hemos conocido.