POR SILVIO HERASME PEÑA
Ningún ciudadano nativo de la región Sur del país se manifestaría opuesto a la construcción de la presa de Monte Grande, concebida para irrigar las tierras del valle de Neiba, unas 500 mil tareas, según se ha dicho. Desde los sacerdotes hasta los legisladores y hombres del pueblo ven la construcción de la presa Monte Grande como la obra que marcará un antes y un después en la región sur.
Ningún ciudadano nativo de la región Sur del país se manifestaría opuesto a la construcción de la presa de Monte Grande, concebida para irrigar las tierras del valle de Neiba, unas 500 mil tareas, según se ha dicho. Desde los sacerdotes hasta los legisladores y hombres del pueblo ven la construcción de la presa Monte Grande como la obra que marcará un antes y un después en la región sur.
No solamente por las programadas 500 mil tareas de terreno que están supuestas a ser irrigadas por esa mega obra, sino también por el aporte que se espera para la producción de energía eléctrica, transformando al Sur en la región líder en la producción de energía eléctrica hidráulica de bajo costo.
Estaría desequilibrado mentalmente todo aquél que exprese cualquier opinión que cuestione la realización de la mega obra, cuyo costo se estima en unos 400 millones de dólares.
Todo aquel que lee periódicos debe tener presente el caso de la región de Kosovo, en Serbia, que terminó convirtiéndose en un país independiente como resultado de la inmigración albanesa que durante décadas se fue arrimando a su alrededor. Aunque declaró su independencia la década pasada sólo 108 países le han dado su reconocimiento.
El riesgo que veo en Monte Grande es precisamente su magnitud, la transformación económica y social que producirá en la región en donde yo nací. ¿Podría estar yo en contra de una obra así?...Claro que no, lo que hago es advertir lo que implicaría dicha construcción, y me refiero a la inmigración.
¿Dispone la región sur del país de la mano de obra agropecuaria para transformar el valle de Neiba en una especie de valle del Cibao, o incluso una especie de valle de San Juan de la Maguana?
Entiendo que las autoridades del INDRHI no han hecho un estudio de impacto de la presa de Monte Grande en la región en cuanto a su población. Determinar a quiénes favorecerá y de qué manera.
Observo y sólo es mi criterio, que no hay población en el sur para aprovechar el impacto de las aguas de Monte Grande en el valle de Neiba. ¿De dónde podrían venir los trabajadores para explotar esas tierras?...La respuesta es ociosa porque todo el que esté leyendo este artículo sabe de donde vendrán esas personas. Sólo se tiene que proyectar en cincuenta años lo que pasaría si no se toman desde ahora las medidas cautelares, con toda la región sur y la zona norte del país. Poco nos quedaría.
Mi advertencia hoy es la de un ciudadano que siempre ha estado atento a su región, a su atraso y posible progreso, pero que ve en perspectiva que la inmigración del vecino país terminará poblándolo todo lo que es ahora el relativamente improductivo valle de Neiba.
En el futuro sería tarde para reaccionar si no se establecen las “salvaguardas” necesarias desde ahora. Los historiadores del futuro se lo tomarán en cuenta a la actual generación su indiferencia ante un fenómeno que es obvio.
Todo aquel que sigue mi pensamiento sabe que no me caracterizo precisamente por una posición anti-haitiana “per se” sino que creo que en una pequeña isla de 72 mil kilómetros cuadrados viven dos naciones distintas separadas por la historia. Somos dos sociedades porque tenemos cultura distinta e idioma distinto. No creo en el oprobio de la represión como en el 1937, pero sí entiendo que el futuro, ahora más que nunca, nos demanda políticas más cuidadosas si es que queremos evitarle problemas mayores en el futuro a país.
Dentro de 50 años, cuando la actual generación haya pasado nuestros descendientes van a confrontar una delicada situación con los inmigrantes del vecino país. No se refiero a los que ya están, sino a los que vendrán atraídos por las oportunidades que le ofrecen el crecimiento de regiones como el Sur y el Noroeste. Si la conducta del mundo en general cambia para entonces, la generación actual debe consolidar una política clara, responsable y nacionalista con respecto a nuestro porvenir que puede comenzar a cambiar drásticamente a partir de la construcción de la presa de Monte Grande. Léase bien, que no me opongo a esa construcción. Solo advierto lo que vendrá si no se asumen políticas correctas en la defensa de la sociedad dominicana.
