POR PRAEDE OLIVERO FELIZ
Para ECOS DEL SUR
La carencia de valores, la descomposición social, están llevando a la sociedad a un callejón sin salida, porque el que no ama sus viejos y sus cosas viejas, incluido su suelo, no ama a nadie, ni a nada. Primero se ataca lo viejo y por ende a los viejos, por eso los criterios y los comportamientos negativos de los gobiernos, funcionarios y algunos ciudadanos, que debían regresar a un pasado glorioso y no hacer del presento un futuro oprobioso, así tendríamos un mejor o buen futuro.
Si hablamos de monumentos, de ancestros el mundo los mima, los añora y mientras más viejos y escasos sean más valor intrínseco tienen, que no daría por tener el arco o la flecha de Enriquillo, las trenzas o vasijas de Anacaona o la hamaca o sus argollas o las sogas donde durmió José martí en Barahona.
Si hablamos de la glorieta del parque central, además de esos valores, hablamos de los valores de Don Luis E. del Monte, uno de los barahoneros más desprendido y solidario con su pueblo y con su gente, el donante de esa glorieta, del reloj público, único en el mundo y de otras obras sociales, que siguieron sus hijos al donar los terrenos para construir el penúltimo edificio del CURSO
Don Luis E. del Monte y Don Antonio Méndez son mis ídolos, mi inspiración después de Cristo, cuando trabajo y ayudo a mi pueblo y su gente, porque es mejor dar que recibir en un mundo que actúa a la inversa y que debe cambiar para estar bien.
Me ha producido mucha pena y decepción la opinión de mi amigo Peña Rubio, Gobernador Provincial de Barahona, cuando afirma: “Y si eso va a dar paso a algo más vistoso, con más calidad y resistencia, entonces que se haga, ya que no podemos aferrarnos a cosas del pasado”. Y sigue: “Si a la glorieta del parque central le llegó el final de su vida útil entonces tenemos que darle paso a algo más adecuado, más moderno y vistoso”.
O sea que destruiremos la iglesia vieja, el Ateneo, la Catedral, el obispado, el cañón, el arco de triunfo y toda obra vieja cuya vida útil supuestamente terminó. También alguien se atrevería a pensar que hay que tirar al zafacón nuestra historia por ser cosa del pasado o que a nuestros ascendientes con sus arrugas y sus valores hay que olvidarlos, desterrarlos o de algún modo deshacerse de ellos.
Tal vez por eso destruyen árboles sin reparar para colocar palmeras, cuando en algunos países existen árboles que son parte del patrimonio cultural y monumental, protegidos, cuidados, mimados y conservados por las autoridades y los pobladores, que aprovechan su sombra y su historia.
Pienso que aparte de reflexionar lo que he dicho, los que piensan en destruir la glorieta del parque central de Barahona, debían leer el artículo 64-4 de la Constitución, la ley 318 en sus artículos 11 y 15 y la ley 492 en sus artículos 9, 13, 20 y 35, así como los decretos y resoluciones que rigen la materia, de esta manera hablarían de restaurar, no de destruir y respetarían los valores y los sentimientos de un pueblo, que como el de Barahona ama sus cosas viejas.
De este modo evitarían el próximo debate, que será en los tribunales donde hemos presentado un recurso de amparo y demandaremos en lo penal y en daños y perjuicios a los que sigan violando la ley e irrespetando lo viejo y los viejos, que aunque los han abandonado, sí tienen su valor.
