OCOA.- La historia cuenta que ante los peligros de la conquista de México, Hernán Cortés quemó sus naves para que su soldadesca no huyera despavorida. Su oficio era guerrear y los taninos del buen vino no debieron importarle mucho.
Pero esa conquista acaeció años después que, siendo Escribano del Ayuntamiento de Azua, Cortés introdujera por primera vez la vid en las Américas para complacer sus papilas gustativas. Lo que nunca imaginó, sin embargo, fue que el vino que fabricó en Azua iba a ser, siglos más tarde, el gran precursor del desarrollo turístico en esa comarca.
Aunque de noble alcurnia, Cortés era un aventurero empedernido. Tuvo once hijos y calificó como viticultor. Es dable pensar que invocaba a Baco, el Dios greco-romano del vino, para frecuentes “bacanales”. Y porque vivió seis años en Azua, Cortés en algún momento debió impregnar con su tufo las playas de Palmar de Ocoa donde hoy se desarrolla el primer proyecto de enoturismo en la región del Caribe. Fueron esas elucubraciones históricas las que inspiraron al corajudo promotor de Ocoa Bay Haciendas a concebir el sueño de producir vino y hechizar a los enoturistas hacia el tranquilo Palmar.
El proyecto es ya una plena realidad. Para lograr tal hazaña su promotor primero se fue a Chile a procurar los descendientes de las vides de Cortes. Contra un escepticismo rayano en burla por parte de expertos, logró que las plántulas importadas germinaran en las secas colinas de Palmar donde prevalecen la guasábara y los cactus. Con asesoría española y música ambiental (de Vivaldi) para estimular su sano crecimiento, las vides resultantes sorprendieron a los escépticos con el grado de azúcar y acidez requeridos para fabricar los buenos vinos que ya se degustan en el viñedo.
Con dos vendimias anuales y tres años en producción, los vinos serán cada vez mejor a medida que envejecen las vides. Actualmente se experimenta con más de 30 cepas europeas y americanas, pero ya el proyecto ha comenzado a perfilar su propia identidad vinícola con la French Colombard. Se espera, sin embargo, que la especialización del viñedo vaya cambiando a medida que se van desarrollando las diferentes cepas y las mismas reaccionan al ardoroso ambiente tropical.
Aunque de noble alcurnia, Cortés era un aventurero empedernido. Tuvo once hijos y calificó como viticultor. Es dable pensar que invocaba a Baco, el Dios greco-romano del vino, para frecuentes “bacanales”. Y porque vivió seis años en Azua, Cortés en algún momento debió impregnar con su tufo las playas de Palmar de Ocoa donde hoy se desarrolla el primer proyecto de enoturismo en la región del Caribe. Fueron esas elucubraciones históricas las que inspiraron al corajudo promotor de Ocoa Bay Haciendas a concebir el sueño de producir vino y hechizar a los enoturistas hacia el tranquilo Palmar.
El proyecto es ya una plena realidad. Para lograr tal hazaña su promotor primero se fue a Chile a procurar los descendientes de las vides de Cortes. Contra un escepticismo rayano en burla por parte de expertos, logró que las plántulas importadas germinaran en las secas colinas de Palmar donde prevalecen la guasábara y los cactus. Con asesoría española y música ambiental (de Vivaldi) para estimular su sano crecimiento, las vides resultantes sorprendieron a los escépticos con el grado de azúcar y acidez requeridos para fabricar los buenos vinos que ya se degustan en el viñedo.
Con dos vendimias anuales y tres años en producción, los vinos serán cada vez mejor a medida que envejecen las vides. Actualmente se experimenta con más de 30 cepas europeas y americanas, pero ya el proyecto ha comenzado a perfilar su propia identidad vinícola con la French Colombard. Se espera, sin embargo, que la especialización del viñedo vaya cambiando a medida que se van desarrollando las diferentes cepas y las mismas reaccionan al ardoroso ambiente tropical.
