POR JOSE ANTONIO MATOS PEÑA.
El momento político nacional, demanda del surgimiento de una verdadera expresión del pueblo, al través de una fuerza que sea capaz de encabezar las demandas más sentidas, la discusión y sometimiento de cambios de políticas y conductas en los espacios de poder en lo que estén representados y la capacidad de reformulación de los órganos de poder, de abajo a arriba, desde el máximo escaño del ejecutivo al mínimo que pudiera ser la más pequeña alcaldía y sus concejales ó delegaciones.
La sociedad demanda en lo actuales momento una reingeniería de sus instrumentos de gobierno, el cambio de figuras en sus estratos, la salida de figuras ya cansadas y corroídas y probar suerte con otras, que aunque deberán ser diferentes, no podemos dejar de reconocer que serán tomadas del mismo pueblo del que surgieron las demás.
El universo mismo fluye del caos hacia el orden y equilibrio, el universo fluye hacia la disminución de la “ENTROPÍA”, es decir, el nivel del desorden, hacia la tranquilad, que es la estabilidad ó el orden mismo, y en lo que concierne a nosotros como mundo, “ a toda acción corresponde una reacción igual y de sentido contrario”, sentenció el científico Isaac Newton, en su segunda ley de la física, que transpolada a nuestra política indica, que el que ejerce el poder necesita incluso, sentir alguna resistencia, que le sirve de sondeo permanente de sus acciones, de igual manera la población para lograr lo mejor, hace falta un contrapeso.
El momento político de la república dominicana demanda de un nuevo estado de conformación de las instituciones y no puede espera que partidos con un nivel de hipertrofia en sus estructuras e imposibilidades de distribuir entre sus membresías la más mínima cuota de democracia y racionalidad, y esto va para todos los partidos mayoritarios, sin distinción, entre los que solo hay diferencia en el nivel de percolación de los conflictos hacia el público, con una diferencia, dos de ellos y… específicamente el PLD, dirige de manera omnímoda el poder público, usa el tercero de los mayoritarios, mayoritario hecho a su conveniencia y el otro partido, el revolucionario dominicano, que a pesar de tener la mayor matrícula de militantes, tiene un grupúsculo en su dirección que se separa de sus masas.
La gobernabilidad está exigiendo que las masas de ese partido mayoritario encuentre una expresión legal y con sus emblemas no se ve posibilidad, por tanto tiene que buscar su esencia, que es el pueblo y esto al través de una constelación de fuerzas electorales y programáticas, de lo contrario la nación entera fluirá rumbo a la Entropía.
La sociedad demanda en lo actuales momento una reingeniería de sus instrumentos de gobierno, el cambio de figuras en sus estratos, la salida de figuras ya cansadas y corroídas y probar suerte con otras, que aunque deberán ser diferentes, no podemos dejar de reconocer que serán tomadas del mismo pueblo del que surgieron las demás.
El universo mismo fluye del caos hacia el orden y equilibrio, el universo fluye hacia la disminución de la “ENTROPÍA”, es decir, el nivel del desorden, hacia la tranquilad, que es la estabilidad ó el orden mismo, y en lo que concierne a nosotros como mundo, “ a toda acción corresponde una reacción igual y de sentido contrario”, sentenció el científico Isaac Newton, en su segunda ley de la física, que transpolada a nuestra política indica, que el que ejerce el poder necesita incluso, sentir alguna resistencia, que le sirve de sondeo permanente de sus acciones, de igual manera la población para lograr lo mejor, hace falta un contrapeso.
El momento político de la república dominicana demanda de un nuevo estado de conformación de las instituciones y no puede espera que partidos con un nivel de hipertrofia en sus estructuras e imposibilidades de distribuir entre sus membresías la más mínima cuota de democracia y racionalidad, y esto va para todos los partidos mayoritarios, sin distinción, entre los que solo hay diferencia en el nivel de percolación de los conflictos hacia el público, con una diferencia, dos de ellos y… específicamente el PLD, dirige de manera omnímoda el poder público, usa el tercero de los mayoritarios, mayoritario hecho a su conveniencia y el otro partido, el revolucionario dominicano, que a pesar de tener la mayor matrícula de militantes, tiene un grupúsculo en su dirección que se separa de sus masas.
La gobernabilidad está exigiendo que las masas de ese partido mayoritario encuentre una expresión legal y con sus emblemas no se ve posibilidad, por tanto tiene que buscar su esencia, que es el pueblo y esto al través de una constelación de fuerzas electorales y programáticas, de lo contrario la nación entera fluirá rumbo a la Entropía.
