POR ALEJANDRO SANTANA
Articulo enviado a ECOS DEL SUR.
Pudiera iniciar mi defensa argumentando una acción bíblica, donde el señor Jesucristo, el maestro dijo a un grupo que llevaron a una mujer que habían sorprendido cometiendo adulterio y la costumbre del lugar era apedrearla por lo que se entendía era una falta.
Con palabras ejemplarizadoras el señor dijo a la multitud luego de conocer la acusación y la condena que esa sociedad le imponía a actos de infidelidad.
El que este libre de pecados que arroje la primera piedra, el señor, dice la Biblia bajo la cabeza y cuando la levanto le pregunto dónde fueron los que la acusaban, que había pasado y ella le dijo, ¡se fueron!.
Fácilmente en mi defensa podría alegar ese relato bíblico, para quitar presión a esa critica, que entiendo es correcta toda vez que quienes viajaban en ese minibús, solo vieron mi acción, que fue la de arrojar dos botellas, no una.
Y literalmente no arrojé,- deposite en un arbusto, dos botellas de vidrio, vacías, con la intención de que quienes se dedican a colectar esos objetos la encontraran y pudieran comercializarlas.
Todos sabemos que colectar botellas vacías se ha convertido en un trabajo que da beneficios económicos a personas que no tienen la suerte de tener un empleo que le permitan ganarse el pan de sus familiares. ¡Esa fue mi intención ¡.
Se, que en áreas protegidas no se debe arrojar basuras, no se puede contaminar, pero una botella vacía que no se haya lanzado con intención de que se rompa, se convierte en dinero para quienes andan recolectándolas para venderlas.
Me siento aliviado porque el día siguiente a ese, volvimos otra vez a la Cueva y vi a un hombre que en un motorcito colectaba botellas y le indique que el día anterior había depositado dos en el lugar que supe explicarle.
En el área de la cuevas junto a varios compañeros recogimos varias botellas y platos y vasos higiénicos que depositamos en tanques que habían destinados para esos menesteres.
Quiero destacar que también fuimos al Mulito un área de rió y montañas y también en ese lugar hicimos lo mismo, recogimos esos mismos utensilios y los depositamos en tanques.
Pensé que quienes escribiéramos nuestras experiencias de Bahía de las Águilas, hablaríamos de varias mujeres que llevan en el lugar mas de cuarenta años y que su suerte es incierta, que su expectativa es la sentencia que próximamente se emitirá en contra de títulos irregulares.
Articulo enviado a ECOS DEL SUR.
Pudiera iniciar mi defensa argumentando una acción bíblica, donde el señor Jesucristo, el maestro dijo a un grupo que llevaron a una mujer que habían sorprendido cometiendo adulterio y la costumbre del lugar era apedrearla por lo que se entendía era una falta.
Con palabras ejemplarizadoras el señor dijo a la multitud luego de conocer la acusación y la condena que esa sociedad le imponía a actos de infidelidad.
El que este libre de pecados que arroje la primera piedra, el señor, dice la Biblia bajo la cabeza y cuando la levanto le pregunto dónde fueron los que la acusaban, que había pasado y ella le dijo, ¡se fueron!.
Fácilmente en mi defensa podría alegar ese relato bíblico, para quitar presión a esa critica, que entiendo es correcta toda vez que quienes viajaban en ese minibús, solo vieron mi acción, que fue la de arrojar dos botellas, no una.
Y literalmente no arrojé,- deposite en un arbusto, dos botellas de vidrio, vacías, con la intención de que quienes se dedican a colectar esos objetos la encontraran y pudieran comercializarlas.
Todos sabemos que colectar botellas vacías se ha convertido en un trabajo que da beneficios económicos a personas que no tienen la suerte de tener un empleo que le permitan ganarse el pan de sus familiares. ¡Esa fue mi intención ¡.
Se, que en áreas protegidas no se debe arrojar basuras, no se puede contaminar, pero una botella vacía que no se haya lanzado con intención de que se rompa, se convierte en dinero para quienes andan recolectándolas para venderlas.
Me siento aliviado porque el día siguiente a ese, volvimos otra vez a la Cueva y vi a un hombre que en un motorcito colectaba botellas y le indique que el día anterior había depositado dos en el lugar que supe explicarle.
En el área de la cuevas junto a varios compañeros recogimos varias botellas y platos y vasos higiénicos que depositamos en tanques que habían destinados para esos menesteres.
Quiero destacar que también fuimos al Mulito un área de rió y montañas y también en ese lugar hicimos lo mismo, recogimos esos mismos utensilios y los depositamos en tanques.
Pensé que quienes escribiéramos nuestras experiencias de Bahía de las Águilas, hablaríamos de varias mujeres que llevan en el lugar mas de cuarenta años y que su suerte es incierta, que su expectativa es la sentencia que próximamente se emitirá en contra de títulos irregulares.
Daniela Urbaez, Margarita Reyes, y Rosario Sánchez, mujeres que llevan viviendo en las Cuevas más de cuarenta años que ya tienen nietos, mantienen la incertidumbre sobre su suerte final.
Esa manifestación me llamo poderosamente la atención, por la intención que pueda tener la sentencia y por las acciones que contra ellas se realicen.
No estoy defendiendo mi acción de de opositar dos botellas en un matorral, creyendo que hacia una buena acción, como correcta, si tengo que pedir excusa para mi es muy fácil pues nunca me he creído por encima del mal y el bien, he entendido que soy un ser humano lleno de defectos y virtudes, con mas defectos que virtudes, que equivocadamente he creído que ha actuado bien.
Véalo así señor Urbaez y distinguidos maestros que lo acompañaban en esa jira, asegurándole que cuando me toque volver a otro lugar como ese, tendré cuidado con mi intención, no exhibiendo esa acción y sepan que su señalamiento no me ha molestado en lo mas mínimo, les agradezco el favor de hacerme entender que solo soy un simple ser humano con muchos defectos.
