Por FELIX BETANCES
Para Ecos del Sur.
Desde tiempos inmemoriales, se tiene el conocimiento de que las familias de alta alcurnia, comenzando por las castas reales y alcanzando a familias aun de menores alcances, y llegando hasta a familias sin ningún abolengo, se dieron a la tarea de escoger a sus mejores consideraciones e intereses, las parejas que habrían de acompañar en matrimonio a sus hijos e hijas.
Podría decirse sin temor a equivocarse, que eran los padres y las madres de familias, quienes se enamoraban de sus futuros yernos, para sus respectivos hijos. Es bueno saber que todavía en nuestros días, se ven vestigios de tan aberrantes decisiones.
Esto se hizo parte de una cultura, lo cual era visto y aceptado por los y las jóvenes quienes en algunos casos aceptaban conformes las escogencias, pero que en otros, resultaba odioso aunque eran impotentes como para poder evadirlo o rechazarlo, por lo que se veían en la imperiosa necesidad de tener que aceptarlo sin excusas.
Podría decirse que en algunos casos, se alcanzaba el éxito esperado a través de la unión matrimonial por tratarse de situaciones muy acomodadas y muy manejadas, no por las parejas, sino por quienes tenían el poder de tomar las decisiones a sus antojos, aunque en otros, se vivía un verdadero infierno aunque sin poder hacer nada para evitarlo.
De todos modos, por la fuerza o por el convencimiento, un matrimonio era un matrimonio, sin establecer diferencias entre lo que pudiera ser: obligado o sencillo, con todas sus consecuencias.
Lo que ha ocurrido hoy al Senado de nuestra República Dominicana, no escapa a los parámetros definidos anteriormente, con relación al caso de “Loma Miranda”, y la aprobación de un proyecto de Ley que la declara como Parque Nacional.
Quizás no fuese ese el deseo de ese Hemiciclo tomar esa medida, a juzgar por la forma en que se manejó desde hace más de año, con el caso que llegó a dormir en manos de una Comisión, la cual aparentemente no le dio ningún valor, sino hasta que sintió primero, la presión de todo un pueblo, y luego de la Cámara de Diputados, la cual aprobó por mayoría aplastante el referido proyecto de Ley. Se demostró una vez más, que el pueblo es Soberano.
Pero bien, la tendencia de los Seres Humanos es a demostrar a los demás, que se sienten bien con los logros alcanzados, entre los que se cuenta el matrimonio, no importando si fuese obligado o no.
En tal sentido, como buenos dominicanos, nos sentimos en el deber de felicitar a los Senadores de la República por haber escogido a la novia preferida por el pueblo, ya que ellos son frutos de Este, y de alguna forma hay que devolver los favores.
Aunque fuese en un matrimonio obligado, se casaron con la Gloria y en tal sentido, queremos enviar nuestras felicitaciones a esa gran pareja que acaba de unirse en feliz unión matrimonial; por un lado, la comunidad dominicana y por el otro lado, el Senado de la República… ¡MUCHAS FELICIDADES!.
