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domingo, 10 de agosto de 2014

OPINION: La delincuencia en mi ciudad, en mi país (I)

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POR ALEJANDRO SANTANA

Indiscutiblemente Barahona, ha evolucionado de una ciudad tranquila, a una con grandes inseguridades, donde se producen disparos, robos, asaltos, secuestros y enfrentamientos entre bandas.

Comparada con años anteriores, podemos decir que vivimos inseguros que hemos tenido que cambiar ciertos patrones de conductas debido a la delincuencia que nos acogota.

Muchos ciudadanos han reaccionado airados y hasta han criticado públicamente el desempeño del general de la policía que se encuentra al frente de la plaza.

También se ha cuestionado el desempeño de la fiscalía, se ha pedido el traslado del primero, se han hecho serias críticas a los representantes del ministerio público.

Todos hemos enfilado los cañones hacia las autoridades, hasta el señor Gobernador ha sido salpicado con las criticas debido a que él es el representante del poder Ejecutivo en la Provincia.

¿Hasta donde hemos sido sinceros, honestos y responsables en nuestras valoraciones al desempeño de las autoridades?.

Los hemos visto a ellos como los que no están haciendo nada por la erradicación de la delincuencia y los niveles de inseguridad, hemos sido críticos implacables.

Pero cuántos nos hemos puesto a valorar nuestro compromiso en el auge de la delincuencia, cuántos hemos valorado nuestro accionar para contribuir al retorno de los días en que éramos felices y vecinos solidarios.

Lo esbozo de ese modo porque nos hemos olvidado que en nuestras casas los que somos padres de familias debimos estar trabajando en la formación de nuestros hijos.

Cuántos sabemos en que andan nuestros hijos, dónde están en determinados momentos en que en las calles se producen los enfrentamientos entre bandas y los robos a ciudadanos.

Cuántos están seguros que sus hijos no son parte de esos jóvenes que andan en malos pasos, que se montan en motores para robar celulares, arrancar cadenas y atracar.

Cuántos no hemos reaccionados exaltados cuando nos dan las quejas de que nuestros  hijos han sido los que  han cometido los robos y tropelías.

Lo digo porque una señora de un barrio, a quien le dijeron que su hijo había participado en el robo de una passola se quiso ir a los puños con quien le daba la queja.

¡Pero sorpresa!, en ese mismo escenario alguien más le dijo que, a parte de esa passola, también se había robado dos noches anteriores un celular.