POR JOSÉ PRADO JIMÉNEZ
Para Ecos del Sur, desde Carolina del Norte.
Para Ecos del Sur, desde Carolina del Norte.
Estamos conscientes de que la educación es uno de los elementos fundamentales para el desarrollo del país. Es mediante ésta, que son formados los recursos humanos indispensables para alcanzar apreciables niveles de crecimiento. Pues, el hombre es el motor que energiza todos los demás elementos que entran en ese complejo proceso.
Para que la educación sirva efectivamente, es necesario que se le asigne el lugar que le corresponde dentro de la sociedad, y la estructura del Estado, como guía y velador por el bienestar de la nación.
Nuestro sistema de educación, debe corresponder a las exigencias de desarrollo del país, contemplado dentro del contexto de la época y la geografía universal. Este debe ser el resultado de un plan formulado por el consenso del Estado, los altos centros docentes del país, y personalidades del sector empresarial; cuidando siempre, que la participación del Estado para lograr cualquier condescendencia de las universidades, no resulte en una ingerencia perniciosa.
Una evidencia de esta necesidad es que, en todo tiempo han sido empresas extranjeras las que se han beneficiado de nuestros recursos mineros, cuya explotación les son acreditadas casi como una acción de gracia; en parte, porque en todas las épocas, los gobiernos que se han sucedido, no se han enfocado en el eficiente aprovechamiento de nuestros recursos del subsuelo; y, en consecuencia, no han dado importancia a la formación de técnicos y profesionales en la rama de la minería. Por esta razón, hoy somos ciegos, incapaces aun, de supervisar dicha actividad y saber què realmente extraen de nuestro subsuelo.
Con todo el respeto a la libertad de decidir què estudiar, creo necesaria una reorientación en la formación de recursos humanos. Hay energía humana y recursos financieros que deben canalizarse hacia áreas más beneficiosas; de tal manera, que la persona graduada en ellas, pueda beneficiarse mejor, como individuo, y así mismo ser de provecho a la sociedad, por los servicios derivados de una formación demandada.
No es necesario recurrir a estadísticas para advertir un desperdicio de recursos. Por ejemplo: Hoy encontramos un número apreciable de personas graduadas en Mercadotecnia. Unos están trabajando como cajeros, algunas despachadoras en tiendas, otros, sin empleos. Hay de otras carreras universitarias, que están en condiciones semejantes. Sin embargo, tenemos yacimientos minerales, y no conozco que tengamos muchos graduados para servir en esa área..
Considero que el ciudadano Presidente de la República Dominicana, Danilo Medina, de quien creo está dotado de muy buenas intenciones, debe usar sus disponibilidades como tal, y mientras tanto, enviar personas a capacitarse en minería y cualquier otra disciplina prioritaria para nuestro despegue hacia el desarrollo.
Es posible que alguien saque a relucir, que nuestra economía no está en capacidad de asumir los costos de inversión que la actividad minera comporta; o, el problema de incapacidad para competir con empresas ya establecidas en el negocio del precioso metal, y otros que puedan aparecer, pero al menos, contando con profesionales calificados en la materia y dotados de alta moralidad, estaríamos en mejores condiciones de negociar contratos, utilizando sus sabias accesorias.
